Este blog nace con la idea de escribir artículos desde la perspectiva de una licenciada en filosofía en paro. Especifico que todos los artículos del blog son artículos de opinión abiertos a debate. En ningún momento intento imponer mi visión particular del mundo a los demás, aunque sean mis opiniones las que aquí expreso.

viernes, 19 de agosto de 2016

Los límites del humor.

Hace ya muchísimo tiempo un conocido publicó en su facebook la siguiente viñeta: http://carambacomics.com/caramba/wp-content/uploads/2012/01/074limites.png

Como habréis visto es una viñeta que habla sobre los límites del humor y acaba concluyendo que ofenderse por un chiste equivale a no comprender su incógnita, es decir, a no entenderlo. Prácticamente, desde este punto de vista, la viñeta sugiere que cualquiera que alguna vez se haya ofendido por un chiste es porque no lo ha entendido. Una de las razones que se dan para afirmar esto entre las viñetas es que la interpretación del chiste por parte del oyente/lector se transforma en una identificación personal por parte del mismo y el oyente del chiste se siente como si él mismo fuera el protagonista del chiste (el cuál, como personaje de ficción, no existe). Por tanto, al identificarse con éste, el oyente se siente ofendido.

Aunque estoy de acuerdo con el tema de que el oyente ofendido es capaz de identificarse fácilmente con el chiste y es ésa la razón por la que le molesta, no estoy en absoluto de acuerdo con la idea de que el hecho de que a alguien le ofenda un chiste tenga que ver con su incapacidad para comprenderlo. Soy de la opinión de que ningún chiste es censurable y, mucho menos, legalmente: que te metan en prisión o te destituyan de un cargo político o censuren una película de humor negro o una obra de teatro simplemente por hacer chistes políticamente incorrectos me parece sobradamente extremo e innecesario. Pero la verdad es que tampoco estoy de acuerdo con la opinión de que si un chiste te ofende es porque no lo has comprendido o porque no has sabido despejar su incógnita. De manera racional, yo puedo comprender un chiste y aceptar que no es censurable en ningún aspecto y, sin embargo, que ese chiste me moleste (incluso habiendo comprendido perfectamente cuál es su incógnita).

Pienso que el autor de la viñeta ha eludido una cuestión importante que es la siguiente: la sensibilidad del oyente o lector. Recuerdo un anécdota de hace tiempo, que creo que alguna vez ya he contado por aquí, sobre una amiga contando chistes sobre sus pacientes. Ella es enfermera y contaba experiencias que le habían ocurrido en el hospital, pero transformándolas en chistes, exagerándolas sin que pudiéramos distinguir lo que había pasado en realidad con lo que no. La verdad es que la chica tenía mucha gracia y todos nos acabamos riendo a carcajadas de sus chistes negros. Excepto una persona. Resulta que el padre de esa persona se estaba muriendo de cáncer. Esa persona aguantó los chistes, no los censuró, los comprendió, pero le molestaron. Le molestaron porque, efectivamente, esos chistes le recordaron a su padre y, a un nivel empático, no pudo digerirlos emocionalmente. Probablemente esa persona, en otro momento de su vida o si su padre nunca hubiera tenido cáncer, se hubiera reído a carcajadas de los chistes, exactamente igual que los demás. Pero ése no era el momento. Desde luego, esto demuestra que esa persona es perfectamente capaz de desvelar la incógnita del chiste: racionalmente lo comprendió, emocionalmente le dolió. En otro momento vital, además de comprender el chiste, no le hubiera dolido en absoluto. Con lo cuál, podemos decir que para poder haberse reído con ganas no le faltó capacidad para comprender el chiste, sino que le sobró sensibilidad con respecto a una serie de experiencias que le tocaban de cerca y que, de alguna manera, estaban relacionadas con esos chistes. 

Para mí, igual que una persona tiene derecho a contar un chiste ofensivo y que no lo censuren, la otra tiene derecho a que le moleste, siempre y cuando no censure. Lo cuál no legitima a los demás para decirte que no has entendido el chiste o que la falta de humor -en este tipo de chistes- es sinónimo de falta de inteligencia. En este tipo de chistes, la falta de humor es sinónimo del grado de sensibilidad que tengas con respecto al tema del que trata el chiste y si tú estás contando un chiste sobre una mujer descuartizada y la madre del oyente del chiste ha sido maltratada, lo normal es que el chiste no le haga ni puta gracia. Diría más, a mí como feminista que soy me molestan todos los chistes negros sobre maltratos: ¿falta de inteligencia o cuestión de sensibilidad?

Por supuesto, otro tema diferente del que hablar sería la falsa moralidad o la hipocresía de aquel al que ofende un chiste con la intención de manipular la opinión pública o de lograr algún objetivo extremo como que destituyan a alguien de su puesto político o censurar la cultura, pero ése sería un tema muy distinto para debatir.


@LReplicante.

martes, 16 de junio de 2015

Zapata, el humor negro y la hipocresía.


Es probable que no tenga mucho más que decir al respecto sobre este tema, ya que son muchos los medios de comunicación que han hablado sobre ello expresando sus diferentes opiniones. Desde mi punto de vista, uno de los medios de comunicación que mejor explicación ha dado sobre lo ocurrido ha sido el diario.es con su artículo Sobre el Holocausto, el humor y la política madrileña, lo podéis leer pinchando en el enlace sobre el título. De este artículo, lo que también vale muchísimo la pena leer son los enlaces que aporta su escritor, Íñigo Sáenz Ugarte, os aconsejo que no os saltéis ni una línea, ni del artículo ni de los enlaces que aparecen en él. Incluso os diría, que para informaros más, pinchárais también en los enlaces de los artículos a los que os han llevado los enlaces del artículo fuente del diario.es, así en plan Inception, pero eso ya lo dejo a vuestro criterio. 

Aunque ya en el artículo se explica resumidamente lo sucedido en 2011 con Nacho Vigalondo, haré un pequeño esbozo con algunas aclaraciones para ponernos en contexto. La historia se divide en dos partes, por así decir, la de Nacho Vigalondo y la de Guillermo Zapata.

Vayamos a la primera parte. En 2011, en su cuenta de twitter, a Nacho Vigalondo se le ocurrió publicar un chiste de humor negro sobre el Holocausto una vez hubo llegado a 50000 seguidores. En parte, Nacho Vigalondo quiso hacer una especie de experimento social con el twitt que publicó, el experimento consistía en hacerse pasar por un villano que había conseguido miles de seguidores en twitter haciéndose pasar por otra persona, un cineasta que realmente no era tal... MUAHAHAHA. Para más datos, la publicación que hizo Vigalondo fue exactamente la siguiente: “Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!”. Cualquier persona inteligente, puede entender que el mensaje se trataba de una broma, como Nacho Vigalondo explicó posteriormente: Imaginemos que yo fuese un villano de opereta con un plan maléfico, consistente en acaparar followers con excusas falsas (una carrera como cineasta) y, cuando acumulase un número lo suficientemente alto, sembrar el caos con mensajes devastadores. La idea era twittear un puñado de esas revelaciones, pero sólo me quedé en dos...”. Por supuesto, sólo se quedó en dos porque el primer mensaje tuvo muchísima repercusión en las redes sociales, y muy negativa, acto seguido de publicarlo, Vigalondo empezó a recibir insultos por la red social, la gente se tragó de pleno lo que Vigalondo dijo sobre el Holocausto, y los que no se lo tragaron, le criticaron por haber publicado un chiste con tan mal gusto. En su artículo explicativo sobre el suceso, que podéis leer aquí, Vigalondo aporta una serie de enlaces que explican exactamente el revuelo que se formó sobre el tema en 2011. Algunos de los enlaces pertenecen a blogs que ya no están disponibles, pero aún así, vale la pena echar un ojo a aquellos blogs que siguen en pie. Lo más interesante que podemos rescatar de estos blogs son las consecuencias posteriores que tuvo esta publicación en la vida de Vigalondo. En una entrevista que el propio Zapata hizo a Vigalondo el 14 de abril del 2011, Vigalondo comenta que se planteó, incluso, irse de España, pues pensó que su trayectoria profesional acabaría manchada, y que quizás en el futuro, podría tener problemas para poder volver a dedicarse al cine o la escritura. 


Sobre esto podemos reflexionar largo y tendido, pero también claro y cristalino, porque únicamente existen dos opciones. Primera: si el chiste se entendió como un chiste y no como una opinión real de Vigalondo, sería desmesurado pensar que Vigalondo tuviera que irse de España por publicar un chiste, ya fuera de contenido macabro o no. Con esta idea supongo que estarán de acuerdo aquellos a los que no les hizo ni puta gracia el chiste, pero no pensaron que se trataba de una opinión real de su autor. Segunda: si el chiste se entendió como una opinión real de Vigalondo, entonces no era un chiste, y Vigalondo sería un nazi y un fascista. La cuestión es que sabemos, que Vigalondo no es nazi, no sólo porque él lo haya desmentido o porque no haya tenido ideas ni antecedentes históricos que se acerquen mínimamente a la ideología nazi a lo largo de su vida, sino también porque no sé quién sería tan imbécil de haber llegado a 50000 seguidores en twitter, y publicar algo así, siendo ésta una opinión real. De esta manera, sólo nos queda una opción, es desmesurado que Vigalondo tuviera que sufrir lo que sufrió porque a muchos no les hizo gracia un chiste. Una cosa es soportar que alguien te diga que eres un gilipollas por publicar un chiste sin gracia, otra muy distinta es que las cosas se nos vayan de las manos hasta tal punto que el linchamiento público no te perdone residir en tu país de origen o te obligue a perder tu trabajo. 


Pues bien, vayamos a la segunda parte de la historia, queda claro que Vigalondo tuvo sus detractores, pero también hubo gente que lo defendió y apoyó, como fue el caso de Guillermo Zapata, concejal de Cultura, de Ahora Madrid, por Manuela Carmena. De esta manera, al igual que en twitter hubieron una serie de personas que se dedicaron a despotricar contra Vigalondo, hubo gente que se dedicó a publicar masivamente chistes sobre humor negro para apoyarle. Guillermo Zapata, en un gesto de simpatía con Vigalondo, no fue menos. Ahora resulta, que en 2015, Esperanza Aguirre se ha dedicado ha desenterrar estos twitts, apartándolos de todo contexto, y denunciando a Zapata por filo-nazi, burlarse de las víctimas del terrorismo y de las niñas desaparecidas. Para ser más concretos, los chistes de Zapata aludían, específicamente, tanto a Irene Villa como a Marta del Castillo.

Es curioso, porque sabemos por el primer enlace que di del diario.es que Irene Villa, víctima de un atentado de ETA por el que perdió las piernas, respondió su momento al tema de los chistes de humor negro riéndose sobre sí misma diciendo que el chiste que más le gustaba sobre ella misma era aquel que decía que era "una mujer explosiva". Al padre de Marta del Castillo, los chistes no le han hecho especialmente gracia, pero ha dicho que bastaría con una reprimenda a Zapata por parte de Carmena, sin hablar de su dimisión. A la vez, ha aceptado sus disculpas. Con todos estos datos, me resulta muy curioso ver cómo se ha comportado la gente en las redes sociales. De nuevo, la historia de Vigalondo se repite con Zapata, como si de un bucle se tratara, es prácticamente la misma historia planteada unos años después. Pero esta vez, con intereses políticos detrás, porque es obvio que esta historia de 2011 no tendría ninguna repercusión si no fuera porque ahora Guillermo Zapata es concejal de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid. O mejor dicho, fue, pues ya ha presentado su dimisión.

La última noticia que tenemos al respecto sobre este tema es que el Ministerio de Interior va a impulsar una investigación judicial a Zapata para investigar si éste cometió delitos de odio y discriminación. De nuevo, el asunto se nos ha ido de las manos. En general, no entiendo que Zapata tenga que dimitir por las mismas razones por las que no entiendo que Vigalondo tuviera que plantearse irse de España o perder su trabajo. Zapata, al igual que Vigalondo, no odia a Irene Villa ni a Marta del Castillo ni a las víctimas del Holocausto. Simplemente hizo unos chistes desafortunados, en este caso, para defender una causa justa, como lo fue en aquel momento restarle importancia al linchamiento público que se le estaba haciendo a Vigalondo por un "chiste". Sin embargo, llegar al punto de impulsar una investigación judicial, cuando tirando de hemeroteca se entiende perfectamente el contexto de las publicaciones de Zapata, eso sí que me parece de lo más bizarro. En las redes sociales, hay gente que me ha dicho que no le ha gustado que Zapata se escudara en la frase de que sus palabras "estaban sacadas de contexto" porque es una frase muy usada por el PP y el PSOE cuando han dicho algo políticamente incorrecto. Sin embargo, hay que saber distinguir cuándo la frase "está sacado de contexto" es real y cuándo es pura demagogia. En este caso, teniendo toda la documentación que tenemos sobre el caso, me parece increíble que alguien no entienda que esos twitts realmente están sacados de contexto. Creo que ya no se puede dar más información sobre aquello que pasó en 2011 con Vigalondo, hay miles de enlaces al respecto, quien no lo quiere entender, ni es por desinformación ni porque no tiene opciones para comprenderlo, es por puro dogma y cabezonería.

A esto se le suma que el tema de impulsar una investigación judicial, todavía me parece más bizarro, si pensamos en el pasado, y todavía presente, franquista, que tiene nuestro país, España. Un país en el que sí hay gente verdaderamente nazi, y no se apellidan precisamente Vigalondo o Zapata. Un país donde se han dicho barbaridades tremendas, que esas sí que no eran ironías ni humor negro, sino opiniones reales. De toda esa gente, pocos están en la cárcel o han dimitido de un cargo público.


Por favor, hago un llamamiento desde aquí a la gente en general, y les digo que seamos serios. Todos, y digo, todos, hemos utilizado el humor negro alguna vez en nuestra vida. En las redes sociales he visto a gente que conozco personalmente indignadísimos con la noticia que hace chistes racistas sobre negros, he visto gente (profesionales de la medicina, en este caso) que cuentan anécdotas muy duras sobre sus pacientes en tono de humor que bien podrían considerarse humor negro. Me pregunto quién no ha cantado alguna vez esa canción tan pegadiza de aquel chiste tan cruel: "síndrome de down, dubidudaundaun". Por favor, tú lo has hecho y yo también, y eso no significa ni que seamos racistas, ni que odiemos a nuestros pacientes con cáncer, ni que odiemos a los niños con síndrome de down. Hace unos años, mi abuela murió, siempre se había llevado fatal con mi abuelo. En el entierro a mi padre se le ocurrió decir: "con lo mal que se llevaban tu abuela y tu abuelo, siempre peleando, ahora ya no podrán escapar el uno del otro... porque están enterrados en el mismo nicho". La verdad, se me escapó una carcajada, y a mi padre también.

Hay otro anécdota en mi familia (más que un anécdota, mucho más, pero no encuentro la palabra para nombrarlo), realmente triste, que he contado estos días en las redes sociales, que muy poca gente sabía y ahora la sabe mucha gente. No me gusta airear mi vida privada, pero a veces, para que se haga justicia, tienes que aportar tu granito de arena, y éste es el mío. El hermano mellizo de mi padre murió en un atentado de ETA, tuvo una muerte bastante lenta y dolorosa. Su mujer se quedó viuda con una hija de dos años, a mi padre le faltaban dos semanas para casarse. La muerte de mi tío provocó en mi padre una enfermedad, que aún hoy, perdura, contra la que hemos tenido que luchar sin éxito alguno, y que ha acarreado la desgracia para toda una familia con un pasado triste, muy triste, que ha repercutido en un futuro igualmente gris. Pues bien, ¿sabéis cuántos chistes he tenido que escuchar sobre las víctimas de los atentados de ETA? Muchos, muchísimos, cientos, miles. Añadidle a eso, que el hermano de mi padre era guardia civil. Si pienso en cuántos chistes he tenido que escuchar sobre policía muerta, apaga y vámonos. Millones. Pues veréis, estos chistes no me hacen gracia, no me puedo reír con ellos, pero entiendo perfectamente la diferencia entre una opinión real y un chiste, por muy desagradable que pueda ser éste último. En mi caso ese argumento de: "si fueras tú la aludida, ya veríamos si te sentaban bien", no funciona. He sido la aludida muchas veces, no me han sentado bien, pero eso no me da derecho a linchar a la persona que hace el chiste, cuando sé que no es lo que realmente piensa. O cuando lo hace en un contexto específico. Si te encuentras por la calle con un niño con síndrome de down, lo más probable es que no le cantes: "síndrome de down dubidudaundaun", simplemente por respeto; pero bien pegadiza que es la canción... 

En conclusión, es probable que tanto Vigalondo como Zapata no estuvieran afortunados en sus comentarios, pero desde mi punto de vista, el linchamiento tanto por parte del público general, como por parte de los medios de comunicación, ha sido totalmente excesivo. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Las cuatro metas: Curriculums y fleex.


Hace poco tiempo me propuse cuatro metas como objetivo para no quedarme quieta sin hacer nada mientras estaba en paro. Es cierto que sólo llevaba un mes en paro desde que acabé el curso de hostelería, pero las circunstancias me obligan a ser rápida en mis objetivos. 

El caso es que cumplí el cuarto de los objetivos y me puse a echar curriculums, sobre todo para hoteles. Mi consejo cuando vayáis a echar curriculums es que si no queréis echarlos todos en un día, lo hagáis por zonas de vuestra ciudad en las que sepáis que se mueve el negocio donde queráis trabajar. Por supuesto, antes debéis informaros, no vayáis a echar a lo loco porque será una pérdida de tiempo, y ya de por sí, echar curriculums es bastante molesto. Por ejemplo, yo fui un día a todos los hoteles que se ubicaban en el centro de mi ciudad, después a los de la periferia, etc. Antes de eso, me hice una especie de ruta en Google Maps para saber por dónde tenía que ir y no perder tiempo, pero realmente si lo hacéis por zonas y vuestra ciudad no es muy grande (como pasa con la mía), encontraréis los sitios prácticamente sin necesidad de una ruta. En mi caso, al final eché mano del móvil para encontrar los sitios, habiéndome apuntado antes las calles, y bueno... salió bastante bien.

El caso es que habiendo empezado por ese objetivo, por fin vuelvo a trabajar. Eso sí, no gracias a los curriculums que eché, sino porque me han vuelto a llamar del hotel chachichuli, al que aquí di el nombre de Restaurante E. Las buenas noticias tienen que ver con que me han dado más horas, pero teniendo en cuenta que aquello es una jauría de lobos por parte de algunos compañeros, no sé cuánto duraré allí ni si me volverán a llamar más adelante. Demasiada gente cotilleando e intentando que los jefes se fijen en tus errores de novata. Sin embargo, si me fijo en la parte buena del asunto, ha sido empezar a moverme y volver a trabajar, así que debo continuar por este camino.

De las demás metas, qué puedo decir... he intentado retomar el estudio de inglés, pero se me hace difícil y cansado. Encontré un programa para aprender inglés a través de series y películas llamado Fleex. Es bastante interesante, pero no pude probarlo demasiado bien ya que para una prueba más larga, el programa requería de invitación. Fleex te permite acceder a los subtítulos en inglés mientras ves una serie o una película. Puedes parar los subtítulos, y si no entiendes algo, pinchar en la palabra o frase en cuestión para apuntar el significado. Los subtítulos vienen conectados a wordreference, así que basta con pinchar para leer qué significan. Realmente, es un sistema de aprendizaje bastante cómodo. Por otra parte, la propia página te indica el nivel de dificultad de las series y películas, y ese nivel se adapta a ti a medida que vas aprendiendo. Lo bueno es que después de ver las series también puedes hacer ejercicios con las palabras que no has entendido, que la propia página habrá guardado. Además, te da bastantes facilidades a la hora de ordenar tus tareas y tus vídeos. En fin, pude probar muy poquito, pero no está mal del todo. El único problema es que el programa es de pago, pero en fin, según los precios de la página, tampoco se puede decir que sea caro.

Y bueno, esto es todo de momento. No es mucho, pero menos es nada y había que empezar por algo sencillo. Ahora he de intentar no olvidar que, aunque esté trabajando, puedo seguir haciendo aquello que me he propuesto.


viernes, 30 de enero de 2015

Las flores del mal.


Una vez vi una película de una chiquilla rubia que era puesta en adopción e iba de casa en casa de acogida, cada vez más infernal. Al final de la peli, la niña, que es muy artística, decora el interior de unas maletas de colores que muestran parte de lo que sufrió en cada uno de sus hogares de acogida haciendo alusión a los escenarios en los que vivió. La peli se llama en castellano, La flor del mal (White Oleander, 2002, Peter Koskimsky), con Michelle Pfeiffer y Alison Lohman. En la película la verdadera flor del mal es la madre de la niña -el papel que hace de Michelle Pfeiffer- que constantemente la está infravalorando, dejándola por los suelos y diciéndole hasta dónde puede o no puede llegar en su propia vida. Además, le dice que es como ella, mala y loca. Vamos, la madre que todo el mundo querríamos a nuestro lado… El caso es que a mí esta historia me suena, no voy a decir el por qué, pero me suena mucho…




Pero bueno, hablemos del mundo de la hostelería, que es de lo que venía a hablar: yo podría hacer algo similar a lo de las maletas con el tema de los sitios donde he estado trabajando si tuviera tanta maña como la niña ésta. En realidad, he estado trabajando en muchos sitios diferentes en muy poco tiempo, y aunque eso ayuda a que espabiles rápido, también supone que tu cerebro tenga que asimilar muchas cosas en un corto espacio de tiempo. No tengo tanta maña como Astrid -así se llama la niña protagonista de la película-, pero sí que podría hacer algo parecido a sus maletas por escrito.

1. Restaurante A: Estando en un entorno protegido, con pocas mesas por camarero, sin cobrar porque todavía estás estudiando cuando estás allí. Todo bastante bonito, excepto cuando alguien dice que los viejos, gordos, feos y débiles, nunca podrán trabajar ni dedicarse a la hostelería. Como ejemplo, levantan a la chica más joven y bonita de la clase, y dicen que ella, con esa sonrisa -y tetas-, no tendrá ningún problema en encontrar trabajo. Lo curioso es que esa chica no acabó el curso, mientras que otras más viejas, más gordas, más feas, más flacas… ahora tienen trabajo. Pero independientemente de que la realidad sea otra, el hecho de que alguien -especialmente si se trata de un profesor- pueda tener esos prejuicios, es una muestra de lo mal que están nuestras sociedades actualmente.

2. Restaurante B: Acabas el curso y te vas de prácticas -también sin cobrar-, se supone que estás aprendiendo y que la gente es consciente de que quizás nunca hayas trabajado anteriormente en hostelería. Empiezan corrigiéndote, pero no enseñándote porque es más fácil corregir que enseñar. De puertas hacia fuera el restaurante es estupendo, lo tiene todo, por dentro se respira mal ambiente. Preguntas por el restaurante E a tu tutor: “oye, ¿podría intentar echar curriculums en el restaurante E?”. Responde: “no, te queda grande”. Yo: “bueno, ahora sí porque estoy aprendiendo”. Responde: “no, no, no lo entiendes… ahora y siempre”. Después de eso piensas que efectivamente, algo estarás haciendo mal como para que sean tan rotundos contigo. Pero luego, ahondas un poco en el tema y ves que la gente está quemada de trabajar, te dicen: “estudia porque la hostelería es muy dura”. Respondes: “no, es que yo ya he estudiado, me gustaría ser profesora”. Te responden: “¿profesora? … como Ana, y ya ves, mira donde está ahora…”. Ves que Ana es la otra camarera. Luego te dicen: “si no puedes llevar dos platos de arroz, nunca jamás encontrarás trabajo, no te van a contratar”, “si quieres tener hijos algún día… ¿cómo vas a llevar un bebé si no puedes llevar dos platos de arroz?”. Y con todos esos comentarios negativos y la autoestima a ras del suelo, acaban las prácticas, y debes afrontar tu primera experiencia laboral de verdad… y ahí está, de repente, llega.

3. Restaurante C: Es un restaurante perfecto para mí, no hay platos pesados, así que puedo dejar de preocuparme por mi fuerza física inmediatamente. Pero claro, llego con la autoestima muy baja y con poca experiencia. Aprendo todo lo que puedo en muy poco tiempo y acaba mi jornada de prueba. Durante la jornada de prueba, escucho que ya tienen a otra chica con mucha más experiencia que yo y con más idiomas, pero nadie me dice: “deja de trabajar, ya hemos encontrado a otra”. Así que sigo trabajando, hasta que el jefe viene y me dice: “bueno, trabajas bien, pero querría a alguien con más experiencia, de todos modos… aquí te podemos ayudar, dime dónde quieres hacer prácticas gratis y te metemos”. Durante un instante no sé ni lo que estoy oyendo, de pronto vuelvo a pensar que lo debo estar haciendo fatal, pero tampoco me parece que lo esté haciendo tan mal y en mi cabeza todo es un lío. Digo que me lo pensaré, pero realmente ya no vuelvo a hablar con el jefe. Tampoco aquí cobro los días trabajados.

4. Restaurante D: Es un restaurante muy pequeño y bonito, la comida está riquísima, igual que en los anteriores. Me voy soltando, ya no tengo tanta vergüenza y empiezo a ser más rápida, a tener más seguridad en mí misma. Yo lo noto, y también lo nota la cocinera y el jefe, así que llega el final de las tres semanas de prueba -esta vez sí, cobrando-, en el que me dicen que están muy contentos conmigo y que quieren que me quede. Qué cosas, hacía pocas semanas -incluso podríamos hablar de días- me habían dicho que trabajara gratis y que nunca me iban a contratar. Justo cuando me van a hacer contrato, me dicen que ahora mismo no pueden contar conmigo, a lo cuál me vuelvo a encontrar flasheada. La razón por la que se produce tal incoherencia la sé gracias a la cocinera y al camarero, pero no gracias al jefe. Resulta que querían sustituirme por la otra camarera, que era amiga del jefe, con la cuál el jefe no trabajaba nada a gusto. Al decirle a ella que ya no podía trabajar más allí, pues supongo que hizo uso de su amistad con el jefe. Poco más puedo decir, ustedes piensen lo que quieran.


5. Restaurante E: Es un sitio gigantesco, lujoso y allí trabaja muchísima gente. Estoy contenta con los jefes, con los compañeros -con unos más que con otros- y con la manera de llevar las cosas. Los jefes son buenos y hacen que sea un buen lugar para trabajar, además cobras bien. Por cierto, este sitio es el mismo sitio en el que me dijeron que nunca jamás podría entrar en mi vida en el restaurante B. Pues no sólo me han llamado una vez, sino que ya van 4 meses llamándome del mismo sitio. He podido, y además, me siguen llamando, así que no ha sido casualidad. Por fin empiezo a pensar que algo estaré haciendo medianamente bien. Aun así, tampoco llega a salir el sol en este sitio, me llaman para muy pocas horas y hay algunos compañeros que se nota a la legua que no quieren que entres, pero no todos. 




Éstas son mis flores del mal laborales en hostelería (Las flores del mal también hace alusión a mi poemario favorito de Baudelaire, él se refería a sus poemas llamándoles de esa manera). Yo no comprendo si es que he tenido muy mala suerte o es que el resto del mundo es gilipollas. A veces pienso que soy yo, que igual dejo que me traten mal, pero no sé… En todo caso, lo importante es que ha habido una evolución, y no debo dejar que opiniones ajenas me amarguen la vida. Aunque en realidad, no son las opiniones lo que me amarga, sino ver cómo funciona el mundo. Lo injustas que son las cosas… En fin, espero que me pase como le pasa a Astrid al final de la película, y finalmente, pueda encontrar mi sitio.



lunes, 19 de enero de 2015

Las cuatro metas


La cosa está así: quiero ponerme metas pequeñas para intentar realizarlas y redactar un pequeño diario sobre ello con la esperanza de, poco a poco, ir planteándome metas más altas. Después de mucha actividad intentando buscar trabajo de camarera, de encontrarlo en varios sitios -pero nunca estable- y de estar de restaurante en restaurante dando tumbos; parece que no voy a poder continuar con mi trabajo en el hotel porque, a pesar de estar a gusto, me dan muy pocas horas para trabajar. Así que, bueno, después de navidad -época en la que he trabajado, casi no he probado ni una gamba- me he vuelto a quedar un poco apalancada en el tema de buscar trabajo. En parte porque no me apetece volver a buscar trabajo de camarera, en parte porque ya he olvidado lo que era ser profesora y me da bastante miedo volver a ello por mucho que me guste. Por otra parte, también me da miedo volver a comprobar que sigue sin haber trabajo de eso.

Aquí hay, efectivamente, una cuestión importante a analizar en mi vida y es una de las razones por las cuales me planteo este reto: el miedo. Realmente, soy una persona acojonada de vivir, tengo mucho miedo y este mundo me parece muy hostil, por no hablar de lo infantil que soy. Ambas cosas van de la mano. Además, si lo pienso bien, me cuesta mucho vivir, muchísimo. No es que no disfrute de la vida y de sus pequeñas cosas, es que cuando estoy sin trabajo y sin estudios, todo me cuesta el doble, es como si tuviera que escalar una montaña enorme sin zapatillas. Luego, cuando tengo curro o estoy estudiando, estoy bien otra vez.

Pero es que encima pienso que muchas de las experiencias que viví el año pasado han hecho que tenga todavía más miedo. Hay tanta gente que me ha dicho que no lo podría hacer… y lo peor es que, aún después de haber hecho las cosas que me han dicho que no podría y hacerles un zas! en toda la boca, me han dejado tocada. Cada vez que lo pienso me pongo a llorar, y no importa que les haya demostrado que lo que decían era mentira. Esa es la razón por la que sé que algo no funciona dentro de mí y es hora de intentar acabar con eso.




Siendo así, me he propuesto varias metas: una académica, una deportiva, una artística y una laboral.

1. La meta académica consistiría en ponerme a estudiar inglés para intentar sacarme el B2, cosa que dije que haría hace mucho tiempo, pero aún no he podido hacer. El año pasado pude sacar el B1, pero realmente pienso que para el B2 estoy muy verde. Me gustaría que esto supusiera empezar a estudiar, pero no sólo en un sentido tradicional, sino también viendo series y películas en inglés, saliendo a bares de intercambio de idiomas para poder hablarlo. En fin, tampoco quiero aburrirme estudiando. Realmente, no sé qué fecha ponerme para esta meta, me gustaría estar preparada para hacer el examen en mayo, pero sé que es complicado. Pongamos que en mayo o en abril, debo intentar al menos, presentarme al examen. Aprobarlo o no, no importa -sé que es poco tiempo para lo verde que estoy y debería haber empezado antes-, pero si tengo la obligación de presentarme, al menos me obligaré a estudiar para no hacer el ridículo. Si no lo saco, al menos algo tendré avanzado para cuando me vuelva a presentar en el futuro.

2. La meta deportiva también es muy sencilla, se trata simplemente de salir a hacer deporte. Lo que sea, no importa si es correr o hacer pesas o nadar o ir en bici, salir y hacer al menos 20 minutos de deporte, tres veces por semana. Es simple, pero creo que me puede ayudar mucho a quitarme fantasmas de la cabeza.




3. La meta artística la he puesto porque creo que puede ser una gran motivación. La he planteado, también, como una meta muy pequeñita para empezar, pero que para mí es bastante grande. Esta meta, igual que las demás, tiene que ver con quitarme el miedo a vivir. Lo que me gustaría hacer aquí es salir a cantar en un karaoke con banda de música en directo o en alguna jam session de micros abiertos, pero me gustaría ampliar el reto: me gustaría salir a cantar en todos o casi todos los karaokes o jam session de micros abiertos que encuentre en Valencia -siempre y cuando sea posible-. Si lo pienso bien, puede ser que cantar sea una de las cosas que más me apasionan en la vida, y ya he cantado en directo alguna vez, pero es que lo había dejado totalmente aparcado… y vaya, no debo. Esta meta es para disfrutar, pero también para darme cuenta de que en este mundo hostil, aún queda algún resquicio de libertad. Además, esto es mano de santo para el miedo y la vergüenza, estoy segura de que me ayudará.

4. La última meta es la más sencilla y a la vez, la más complicada: echar curriculums. Simple y llanamente, echar curriculums. No digo ni siquiera encontrar trabajo. Sé que probablemente si echo curriculums, encontraré trabajo. En hostelería encontrar un trabajo no es muy complicado, lo complicado es que ese trabajo sea digno: decentemente remunerado, buen horario, buen trato por parte de jefes y compañeros, etc. El tema es que el año pasado me trataron tan mal que ahora me cuesta tener que volver a empezar de cero, y sí… me cuesta hasta echar curriculums, me he quedado un poco paralizada. Pensaréis que esta meta es muy sencilla y lo es, pero ¿qué pasará con las otras metas si encuentro trabajo? He ahí la dificultad de esta meta. Normalmente los trabajos en hostelería son muy esclavos, te permiten hacer pocas cosas en tu tiempo libre, así que quizás debiera modificar alguna de las metas anteriores en ese caso. Sin embargo, debo concienciarme de que estas metas deben seguir adelante, aunque practique deporte menos días a la semana de los establecidos, aunque tenga menos tiempo para estudiar… No debo dejarlas de lado aunque empiece a trabajar. Y sobre todo: aunque trabajes, Isa -sí, ahora me hablo a mí misma-, sigue echando curriculums para profesora. Vuelve a echar curriculums para profesora, no lo dejes…

En fin, de todo esto, pretendo hacer un diario en este blog con fotos, a lo mejor vídeos, testimonios… Vamos, que me voy a montar un teatro que no veas. Me da un poco igual que la gente lo vea o no, principalmente es para mí misma, aunque sé que mantener el diario en la red me va a ayudar a motivarme y por eso lo hago. Intentaré subir una entrada contando la evolución a final de semana, probablemente los domingos.

Por lo demás, me he propuesto empezar mañana mismo y simplemente con el hecho de habérmelo planteado y haber escrito esto ya estoy sonriendo, así que… ¡GO!

viernes, 4 de abril de 2014

Opiniones sobre la diferencia de clase social.


Ana dice: “Mañana me voy a un concierto de Tuttufreto del Olmo, ¿te vienes?”. A lo que Jordi responde: “No, no puedo ir, no tengo pasta”. 


A: - Pero chico, ¡si sólo vale 5 euros!

J: - Ya, pero es que necesito ese dinero para otras cosas o directamente no lo tengo.

A: - Ah, vale, vale, como quieras. 
  
Acaba la conversación y Ana piensa que Jordi está poniendo una excusa, “por 5 eurillos de nada, qué rata que es Jordi”. Este anécdota, como muchos otros similares, se ha repetido a lo largo de algunas vidas humanas de manera bastante recurrente. Vidas humanas concretas, que iban mal de pasta, y no momentáneamente, sino de manera habitual. Ahora, con la eufemística “crisis”, la gente entiende los comportamientos de estas personas un poco mejor -y tampoco os creáis que tanto-, antes de la “crisis” el nivel de empatía ante estas situaciones era tan ínfimo como el que le puede tener uno de los All Blacks al césped del campo de Rugby o al equipo contrario.  


Cuando hablo de diferencia entre clases sociales es probable que os estéis imaginando a la Duquesa de Alba como ejemplo, con todos esos títulos y riquezas heredadas y sin pegar un palo al agua en su puta vida. O a cualquier hijo de cualquier actor famoso, al que le ha bastado con hacer unas llamaditas en nombre de su padre, y ¡PLAM!, mágicamente también se ha convertido en actor. El otro día un colega dijo que se sorprendía de que el hijo de Clint Eastwood tocara jazz, pero si lo piensas no es nada raro: hijo de un actor con mucha pasta y contactos, le gusta el jazz, lo llevan a la escuela de jazz de no sé dónde wanchuminu, hablan con Etta James y yo que sé quién más y… Kyle Eastwood ya se puede dedicar al jazz durante toda su vida. Vale, vale, imaginemos que el tío es un puto crack y no le ha hecho falta ir a ninguna escuela hipermegacara, ¿creéis que su status social no le habrá ayudado a relacionarse con personas del círculo jazzístico que le hayan podido ayudar a subir a la fama? Oh, no, espera, ¡ya era famoso desde que nació!


Pero independientemente de todas estas elucubraciones sobre gente de clase alta, ¿sabéis una cosa? La diferencia de clase no sólo se refiere a la existencia de un contraste tan abismal como el que puede haber entre un famoso de Hollywood y un camarero normal. La diferencia de clase no sólo se refiere a los contrastes que puede haber entre un camarero normal del primer mundo y un niño pobre del África subsahariana. En realidad, debemos empezar a aceptar que hay micro-diferencias incluso entre la clase baja de una sociedad y la clase media, y añadir que esas micro-diferencias al nivel del pensamiento, se vuelven macro. Precisamente de eso es de lo que va este escrito, que por otra parte, ni es científico ni pretende tener seriedad alguna, a excepción de relatar las experiencias vitales propias y de las de la gente de mi misma clase social o parecida. 


Hace ya tiempo, estábamos reunidos en clase del Máster del Profesorado de Secundaria, y una persona dijo: “Bueno, pero es que aquí todos somos burgueses de clase media”. Básicamente, el que lo dijo se refería a que todos nosotros habíamos podido acceder a una educación superior y, por supuesto, estábamos mejor que la gente del tercer mundo o que los vagabundos de la calle. Pero veréis, es que esa generalización dista bastante de ser cierta, el que lo dijo probablemente fuera de clase media, pero sé que muchos de los que estábamos allí no nos considerábamos ni burgueses ni de clase media. Si algunos de los que estábamos allí habíamos accedido a una educación superior, principalmente había sido porque el Estado había ofertado becas y ayudas con las que, poco a poco, habíamos pagado esa titulación. Sin esas becas, yo no hubiera podido pagarme una carrera universitaria nunca. Sin esas becas, una de las chicas que había allí, probablemente no hubiera podido ni siquiera salir de su pueblo. Y diréis: “Vale, pero seguro que vuestros padres también os han ayudado a que salgáis adelante…” Sí, claro, y le doy mil gracias a mi madre por todo el esfuerzo que ha hecho por sacarme adelante, pero debéis tener en cuenta que el esfuerzo que hace una madre soltera que se dedica a la hostelería, no es el mismo esfuerzo que aquel que puede hacer un padre que tiene una empresa de transportes y su mujer que es catedrática en sociología. 


Si todos los que estábamos en aquél aula teníamos una titulación superior era, en parte, gracias a un Estado social que había ofertado una serie de ayudas para cubrir esas desigualdades, NO porque todos fuéramos burguesitos. El argumento del Estado de bienestar como formador de ciudadanos pasivos y de las becas como falsa caridad del Estado es un argumento de lo más burgués y neoliberal. Si entendemos por Estado de bienestar un sinónimo de capitalismo, el argumento puede tener su validez. Si entendemos como Estado de bienestar un sinónimo de Estado dador de los derechos básicos, el argumento se usa vilmente para intentar desmontar otro argumento: el de que realmente existan desigualdades sociales. 


Pero estas cosas tan básicas, son muy difíciles de entender para la gente de clase media, no a un nivel intelectual, sino a un nivel psicológico de empatía. Además de esto, una se da cuenta a lo largo de los años de que las diferencias entre clase baja y clase media, además de económicas, a nivel familiar, a nivel social, a nivel educacional, de desarrollo de la personalidad, etc.; también son de pensamiento. Por ejemplo, una persona de clase social baja, comparada con una persona de clase media, tiene muchas menos esperanzas que alguien que posee un colchón económico que le va a salvar las espaldas cuando lo necesite. 


Y volvemos a los ejemplos, con Ana y Jordi:

A: - ¿Que nunca has tenido una PlayStation ni has podido jugar a juegos?

J: - Pues no, es que yo de pequeño no tenía mucho dinero.

A: - ¡Pero si los juegos salían de oferta todos los miércoles por 1 euro!

J: - Ah, no sabía…


Y no lo sabía porque independientemente de que los miércoles esos juegos tuvieran un 99% de descuento, el niño que no tenía dinero ni siquiera gastaba su tiempo en mirarlos. Directamente, aprendes que hay muchas cosas en el mundo a las que no vas a poder acceder y, como sabes que no puedes, dejas de interesarte por ello. Pierdes la esperanza de que las cosas puedan ser de otra manera. 


Más ejemplos:


A: - Es que mi hija se fue a Londres el año pasado de erasmus, estuvo todo el año y aprendió mucho inglés. ¿Por qué no te vas tú también? Ella se fue también a buscar trabajo, ¡eh!

J: - No, si yo no dudo de que tu hija sea trabajadora, simplemente si no sé con total seguridad que me va a salir un trabajo allí, no puedo irme, porque si la cosa sale mal, ¿qué hago?

A: - Ay, chico, pero os vais con beca.

J: - Ya, pero ¿cuánto cobras en la erasmus? ¿400 al mes?

A: - Ay, pues pa’ tus gastos.

J: - Pero es que a mí no me importa no tener dinero para mis gastos, me importa tener dinero para poder SOBREVIVIR allí y sin un colchón económico, NO ME PUEDO IR.

A: - Bueno, bueno, pero los papás te pueden ayudar. Aunque yo no le di un duro a mi hija, ¿eh? Que ella solita se lo montó y organizó todo, todo y todo.


Obviamente, para alguien de clase media debe quedar claro una cosa en la conversación: “Mi hija es súper inteligente y autónoma, y se ha sabido sacar las castañas del fuego por sí sola sin ninguna ayuda, que sepas que es súper trabajadora y que se va sin nada, el esfuerzo es todo suyo, TODO”. Muy bien, querida Ana, pero si la cosa le sale mal a tu hija y no encuentra trabajo, ¿quién la va a ayudar, Anita? Tú. Y la vas a ayudar porque dispones del capital necesario para hacerlo, ¿sabes que hay madres que no pueden, no porque no quieran, sino porque económicamente no pueden? Otra cosa, si tu hija va a buscar curro a Londres y tienes esperanza en que lo vaya a encontrar, tendrá un buen inglés, ¿no? Mejor que el de la media, imagino. Entonces, ¿de dónde salen esas clases de inglés? Y Ana dice: “Ay, chica, qué de excusas, pues si me he tenido que quitar de salir un fin de semana por pagarle las clases de inglés a mi hija, lo he hecho”. Vale, ¿sabes que hay gente que ni siquiera puede salir un fin de semana a cenar y que, aun no haciéndolo, no puede pagar las clases de inglés a sus hijas? 


Pero si incides demasiado en la conversación, la conversación acaba mal, MUY MAL. Ella piensa que estás quitándole mérito a lo que ha hecho su hijita y también piensa que estás poniendo excusas porque en realidad eres mucho menos fuerte que su hijita, que se ha ido ella solita a encontrar un trabajito en Londrenitos. Por otra parte, la actitud de Jordi es la de alguien prudente que no se quiere ir sin asegurarse un trabajo porque le va la VIDA en ello. Lo que para la hija de Ana puede ser una aventura o un trabajo temporal -y lo más importante, ella sabe y es consciente de que es temporal-, para Jordi puede llegar a ser su vida, y ahí aparte de los miedos económicos, se cruzan otro tipo de miedos e inseguridades, que a lo mejor la hija de Ana no tiene. ¿Sabéis lo que pienso yo? Pienso que la hija de Ana lo ha tenido más fácil que Jordi en esta vida, y puede ser que se lo haya currado y que se haya sacado las castañas del fuego ella solita, claro que sí. Pero sigo pensando que, de base, lo ha tenido más fácil. Si eres de clase media probablemente te ofenderás con este último comentario, puedes distinguir si lo eres o no con este sencillo manual de una línea.


Falta de esperanza en un futuro mejor, visión a corto plazo sin plantearse nada más: ¿casarse?, ¿tener hijos?, ¿tener un trabajo digno?, ¿cuál de esas cosas voy a poder elegir hacer?, ¿y si quiero, pero no puedo? Miedos, inseguridades constantes, frustraciones... ¿Os creéis que esos factores psicológicos no influyen a la hora de enfrentarnos a los problemas de la vida? ¡Claro que influyen! ¡Influyen muchísimo! Otro caso que me gusta relatar es el de dos amigas: una de ellas, llamémosla Clara, ha estado toda su vida trabajando y no ha podido estudiar porque ni siquiera se podía comprar los libros de texto. Nunca le pregunté sobre las becas, ni sobre nada más. Simplemente, me dijo que su vida no era fácil y que no había podido estudiar en favor de mantener a su familia económicamente. El caso contrario le pasó a otra amiga, Lucía, que se había pasado toda su vida estudiando gracias a que su madre se había esforzado muchísimo trabajando y gracias a las becas -a ser buena estudiante-, pero ella nunca había podido trabajar porque, después de estudiar, debía quedarse en casa cuidando de sus hermanos pequeños, su abuela y un padre con una enfermedad bastante jodida. Eso mientras su madre trabajaba todo el día. A las dos las han juzgado muchísimas veces en la vida, y la mayoría de la gente, no sabe ni la mitad de lo que han sufrido: “¡eres una vaga por no haber querido estudiar!”, “¡eres una vaga por no haber querido trabajar!” Ay, esa diferencia entre el querer y el poder, qué pocos la comprenden…


Ahora yo pregunto a modo de conclusión, ¿es tan complicado entender todo esto y tener en cuenta que realmente estas diferencias existen? Y existen en cosas por las cuales la gente ni se percata, pero acaban marcando distancias entre los modos de pensar de las personas. No pretendo que éste sea un texto digno de una persona victimista o de un vampiro emocional, y aun así, hay que admitir que a veces las personas de clase social baja se crean ellas mismas sus propios muros que les auto-impiden hacer según qué cosas. Sin ir más lejos, el otro día le pregunté a mi novio que por qué bebía agua del grifo si ahora mismo cobraba unos 1300 euros al mes y esa agua sabía a metal y cloro que tiraba para atrás, me respondió algo así como que siempre había bebido esa agua porque en su casa no habían tenido ni para agua embotellada y que ahora más que el hecho de que se hubiera acostumbrado, le ocurría que tenía algunas barreras psicológicas invisibles que le impedían comprar agua embotellada. Esas barreras psicológicas tienen que ver con el: “no me lo puedo permitir, no puedo alcanzarlo, por tanto ni siquiera me lo planteo”, y es curioso porque pueden permanecer en el pensamiento de la persona sin pasta incluso cuando ésta ya dispone del suficiente capital económico como para sobrevivir, o incluso para vivir bien. 


Sin ir más lejos, yo misma no dejo de quejarme sobre este tema y quizás todo lo que he escrito sobre ello esté cargado de prejuicios infundados y sólo sea una persona débil más incapaz de enfrentarse a este mundo, que para mí resulta tan cruel y despiadado.

jueves, 9 de enero de 2014

Cine: The way way back (2013)

Si os gustan las pelis del tipo Pequeña Miss Sunshine (2006) de Jonathan Dayton, a lo mejor os gusta The way way back (2013) (o El camino de vuelta, aquí en España) de Nat Faxon y Jim Rush. Creo que ésta es la típica película que se presenta al Sundance Film Festival y triunfa por defecto, aunque a mí no me ha convencido.



El argumento de la película versa sobre la figura de Duncan, un joven de 14 años bastante tímido que se va de vacaciones con su familia (su madre, el novio de su madre y la hija del novio de su madre). Por decirlo de alguna manera, en esas vacaciones el chaval espabila y se vuelve menos tímido para pasar a madurar. De hecho, el chico empieza a coger confianza en sí mismo gracias a que ese verano se pone a trabajar en un parque de atracciones acuático. Contra todo pronóstico, todas las relaciones de amistad (o con simples conocidos) que acaba trabando en el trabajo son relaciones positivas, relaciones que le ayudan a perder la timidez y a coger seguridad en sí mismo. Algo muy distinto de lo que ocurre de puertas hacia dentro en su propia casa, donde se siente bastante incomprendido. Por lo demás, el título hace mención al cambio que pega el adolescente protagonista desde el inicio del viaje, pasando por todas sus vivencias del verano, hasta el camino de vuelta, donde ya se ve una actitud diferente y muchísimo más valiente por su parte.



La verdad es que yo me aburrí durante la primera mitad de la película, pero tras esos tres cuartos de hora acontece un hecho que la empieza a hacer interesante. En mi opinión, la película es muy flojilla comparada con Pequeña Miss Sunshine (las dos películas son del mismo estudio, lo mismo pasa con Juno (2007)), me da la sensación de que han querido imitar la fórmula de esta última, pero no se le acerca ni de lejos. De hecho, la película utiliza dos de los actores que ya utilizó para Pequeña Miss Sunshine, Toni Colette y Steve Carell, actorazos como la copa de un pino, pero no me convence que salgan tanto en el mismo tipo de películas. Sobre esas similitudes que comento, he tenido la misma sensación con otras películas del mismo festival, Juno de Jason Reitman o Win Win (2011) de Thomas McCarthy. No es que sean películas malas, en concreto Juno me gustó bastante, pero sí es verdad que parece que hayan querido usar los mismos polvillos mágicos para todas y para que el público quede contento. En fin, si sabéis de qué tipo de pelis hablo con todos los referentes que acabo de dar, ya os habréis hecho una idea sobre de qué palo va The way way back.

Por lo demás, los actores están bastante bien (especialmente Toni Colette, pero no es difícil porque hace el mismo papel que en Pequeña Miss Sunshine), aunque al principio se me hacía raro ver a Steve Carell haciendo un papel tan duro. En cuanto a Sam Rockwell, buena actuación, pero pésimo personaje al que no entiendo en absoluto (o a lo mejor es que no hay nada de entender). Si hablamos de los adolescentes, buenas actuaciones.

En general, le daría un aprobaíllo: 6 sobre 10, no me acaba esta película. Ya juzgaréis por vosotros mismos si la veis.