Ana dice: “Mañana me voy a un concierto de Tuttufreto del Olmo, ¿te vienes?”. A lo que Jordi responde: “No, no puedo ir, no tengo pasta”.
A: - Pero chico, ¡si sólo vale 5
euros!
J: - Ya, pero es que necesito ese
dinero para otras cosas o directamente no lo tengo.
A: - Ah, vale, vale, como quieras.
Acaba la conversación y Ana piensa
que Jordi está poniendo una excusa, “por 5 eurillos de nada, qué rata que es
Jordi”. Este anécdota, como muchos otros similares, se ha repetido a lo largo
de algunas vidas humanas de manera bastante recurrente. Vidas humanas
concretas, que iban mal de pasta, y no momentáneamente, sino de manera
habitual. Ahora, con la eufemística “crisis”, la gente entiende los
comportamientos de estas personas un poco mejor -y tampoco os creáis que
tanto-, antes de la “crisis” el nivel de empatía ante estas situaciones era tan
ínfimo como el que le puede tener uno de los All Blacks al césped del campo de
Rugby o al equipo contrario.
Cuando hablo de diferencia entre
clases sociales es probable que os estéis imaginando a la Duquesa de Alba como
ejemplo, con todos esos títulos y riquezas heredadas y sin pegar un palo al
agua en su puta vida. O a cualquier hijo de cualquier actor famoso, al que le
ha bastado con hacer unas llamaditas en nombre de su padre, y ¡PLAM!,
mágicamente también se ha convertido en actor. El otro día un colega dijo que
se sorprendía de que el hijo de Clint Eastwood tocara jazz, pero si lo piensas
no es nada raro: hijo de un actor con mucha pasta y contactos, le gusta el
jazz, lo llevan a la escuela de jazz de no sé dónde wanchuminu, hablan con Etta
James y yo que sé quién más y… Kyle Eastwood ya se puede dedicar al jazz
durante toda su vida. Vale, vale, imaginemos que el tío es un puto crack y no
le ha hecho falta ir a ninguna escuela hipermegacara, ¿creéis que su status
social no le habrá ayudado a relacionarse con personas del círculo jazzístico
que le hayan podido ayudar a subir a la fama? Oh, no, espera, ¡ya era famoso
desde que nació!
Pero independientemente de todas
estas elucubraciones sobre gente de clase alta, ¿sabéis una cosa? La diferencia
de clase no sólo se refiere a la existencia de un contraste tan abismal como el
que puede haber entre un famoso de Hollywood y un camarero normal. La
diferencia de clase no sólo se refiere a los contrastes que puede haber entre
un camarero normal del primer mundo y un niño pobre del África subsahariana. En
realidad, debemos empezar a aceptar que hay micro-diferencias incluso entre la
clase baja de una sociedad y la clase media, y añadir que esas
micro-diferencias al nivel del pensamiento, se vuelven macro. Precisamente de
eso es de lo que va este escrito, que por otra parte, ni es científico ni
pretende tener seriedad alguna, a excepción de relatar las experiencias vitales
propias y de las de la gente de mi misma clase social o parecida.
Hace ya tiempo, estábamos reunidos en
clase del Máster del Profesorado de Secundaria, y una persona dijo: “Bueno,
pero es que aquí todos somos burgueses de clase media”. Básicamente, el que lo
dijo se refería a que todos nosotros habíamos podido acceder a una educación
superior y, por supuesto, estábamos mejor que la gente del tercer mundo o que
los vagabundos de la calle. Pero veréis, es que esa generalización dista
bastante de ser cierta, el que lo dijo probablemente fuera de clase media, pero
sé que muchos de los que estábamos allí no nos considerábamos ni burgueses ni
de clase media. Si algunos de los que estábamos allí habíamos accedido a una
educación superior, principalmente había sido porque el Estado había ofertado
becas y ayudas con las que, poco a poco, habíamos pagado esa titulación. Sin
esas becas, yo no hubiera podido pagarme una carrera universitaria nunca. Sin
esas becas, una de las chicas que había allí, probablemente no hubiera podido
ni siquiera salir de su pueblo. Y diréis: “Vale,
pero seguro que vuestros padres también os han ayudado a que salgáis adelante…”
Sí, claro, y le doy mil gracias a mi madre por todo el esfuerzo que ha hecho
por sacarme adelante, pero debéis tener en cuenta que el esfuerzo que hace una
madre soltera que se dedica a la hostelería, no es el mismo esfuerzo que aquel
que puede hacer un padre que tiene una empresa de transportes y su mujer que es
catedrática en sociología.
Si todos los que estábamos en aquél
aula teníamos una titulación superior era, en parte, gracias a un Estado social
que había ofertado una serie de ayudas para cubrir esas desigualdades, NO porque todos fuéramos
burguesitos. El argumento del Estado de bienestar como formador de ciudadanos
pasivos y de las becas como falsa caridad del Estado es un argumento de lo más
burgués y neoliberal. Si entendemos por Estado de bienestar un sinónimo de
capitalismo, el argumento puede tener su validez. Si entendemos como Estado de
bienestar un sinónimo de Estado dador de los derechos básicos, el argumento se
usa vilmente para intentar desmontar otro argumento: el de que realmente
existan desigualdades sociales.
Pero estas cosas tan básicas, son muy
difíciles de entender para la gente de clase media, no a un nivel intelectual,
sino a un nivel psicológico de empatía. Además de esto, una se da cuenta a lo
largo de los años de que las diferencias entre clase baja y clase media, además
de económicas, a nivel familiar, a nivel social, a nivel educacional, de
desarrollo de la personalidad, etc.; también son de pensamiento. Por ejemplo,
una persona de clase social baja, comparada con una persona de clase media,
tiene muchas menos esperanzas que alguien que posee un colchón económico que le
va a salvar las espaldas cuando lo necesite.
Y volvemos a los ejemplos, con Ana y
Jordi:
A: - ¿Que nunca has tenido una
PlayStation ni has podido jugar a juegos?
J: - Pues no, es que yo de pequeño no
tenía mucho dinero.
A: - ¡Pero si los juegos salían de
oferta todos los miércoles por 1 euro!
J: - Ah, no sabía…
Y no lo sabía porque
independientemente de que los miércoles esos juegos tuvieran un 99% de
descuento, el niño que no tenía dinero ni siquiera gastaba su tiempo en
mirarlos. Directamente, aprendes que hay muchas cosas en el mundo a las que no
vas a poder acceder y, como sabes que no puedes, dejas de interesarte por ello.
Pierdes la esperanza de que las cosas puedan ser de otra manera.
Más ejemplos:
A: - Es que mi hija se fue a Londres
el año pasado de erasmus, estuvo todo el año y aprendió mucho inglés. ¿Por qué
no te vas tú también? Ella se fue también a buscar trabajo, ¡eh!
J: - No, si yo no dudo de que tu hija
sea trabajadora, simplemente si no sé con total seguridad que me va a salir un
trabajo allí, no puedo irme, porque si la cosa sale mal, ¿qué hago?
A: - Ay, chico, pero os vais con
beca.
J: - Ya, pero ¿cuánto cobras en la
erasmus? ¿400 al mes?
A: - Ay, pues pa’ tus gastos.
J: - Pero es que a mí no me importa
no tener dinero para mis gastos, me importa tener dinero para poder SOBREVIVIR
allí y sin un colchón económico, NO ME PUEDO IR.
A: - Bueno, bueno, pero los papás te
pueden ayudar. Aunque yo no le di un duro a mi hija, ¿eh? Que ella solita se lo
montó y organizó todo, todo y todo.
Obviamente, para alguien de clase
media debe quedar claro una cosa en la conversación: “Mi hija es súper inteligente y autónoma, y se ha sabido sacar las
castañas del fuego por sí sola sin ninguna ayuda, que sepas que es súper
trabajadora y que se va sin nada, el esfuerzo es todo suyo, TODO”. Muy
bien, querida Ana, pero si la cosa le sale mal a tu hija y no encuentra
trabajo, ¿quién la va a ayudar, Anita? Tú. Y la vas a ayudar porque dispones
del capital necesario para hacerlo, ¿sabes que hay madres que no pueden, no
porque no quieran, sino porque económicamente no pueden? Otra cosa, si tu hija
va a buscar curro a Londres y tienes esperanza en que lo vaya a encontrar,
tendrá un buen inglés, ¿no? Mejor que el de la media, imagino. Entonces, ¿de
dónde salen esas clases de inglés? Y Ana dice: “Ay, chica, qué de excusas, pues si me he tenido que quitar de salir un
fin de semana por pagarle las clases de inglés a mi hija, lo he hecho”. Vale,
¿sabes que hay gente que ni siquiera puede salir un fin de semana a cenar y
que, aun no haciéndolo, no puede pagar las clases de inglés a sus hijas?
Pero si incides demasiado en la
conversación, la conversación acaba mal, MUY MAL. Ella piensa que estás
quitándole mérito a lo que ha hecho su hijita y también piensa que estás
poniendo excusas porque en realidad eres mucho menos fuerte que su hijita, que
se ha ido ella solita a encontrar un trabajito en Londrenitos. Por otra parte,
la actitud de Jordi es la de alguien prudente que no se quiere ir sin
asegurarse un trabajo porque le va la VIDA en ello. Lo que para la hija de Ana
puede ser una aventura o un trabajo temporal -y lo más importante, ella sabe y
es consciente de que es temporal-, para Jordi puede llegar a ser su vida, y ahí
aparte de los miedos económicos, se cruzan otro tipo de miedos e inseguridades,
que a lo mejor la hija de Ana no tiene. ¿Sabéis lo que pienso yo? Pienso que la
hija de Ana lo ha tenido más fácil que Jordi en esta vida, y puede ser que se
lo haya currado y que se haya sacado las castañas del fuego ella solita, claro
que sí. Pero sigo pensando que, de base, lo ha tenido más fácil. Si eres
de clase media probablemente te ofenderás con este último comentario, puedes
distinguir si lo eres o no con este sencillo manual de una línea.
Falta de esperanza en un futuro
mejor, visión a corto plazo sin plantearse nada más: ¿casarse?, ¿tener hijos?,
¿tener un trabajo digno?, ¿cuál de esas cosas voy a poder elegir hacer?,
¿y si quiero, pero no puedo? Miedos, inseguridades constantes,
frustraciones... ¿Os creéis que esos factores psicológicos no influyen a la
hora de enfrentarnos a los problemas de la vida? ¡Claro que influyen! ¡Influyen
muchísimo! Otro caso que me gusta relatar es el de dos amigas: una de ellas,
llamémosla Clara, ha estado toda su vida trabajando y no ha podido estudiar
porque ni siquiera se podía comprar los libros de texto. Nunca le pregunté
sobre las becas, ni sobre nada más. Simplemente, me dijo que su vida no era
fácil y que no había podido estudiar en favor de mantener a su familia
económicamente. El caso contrario le pasó a otra amiga, Lucía, que se había
pasado toda su vida estudiando gracias a que su madre se había esforzado
muchísimo trabajando y gracias a las becas -a ser buena estudiante-, pero ella
nunca había podido trabajar porque, después de estudiar, debía quedarse en casa
cuidando de sus hermanos pequeños, su abuela y un padre con una enfermedad
bastante jodida. Eso mientras su madre trabajaba todo el día. A las dos las han
juzgado muchísimas veces en la vida, y la mayoría de la gente, no sabe ni la
mitad de lo que han sufrido: “¡eres una
vaga por no haber querido estudiar!”, “¡eres
una vaga por no haber querido trabajar!” Ay, esa diferencia entre el querer
y el poder, qué pocos la comprenden…
Ahora yo pregunto a modo de
conclusión, ¿es tan complicado entender todo esto y tener en cuenta que
realmente estas diferencias existen? Y existen en cosas por las cuales la gente
ni se percata, pero acaban marcando distancias entre los modos de pensar de las
personas. No pretendo que éste sea un texto digno de una persona victimista o
de un vampiro emocional, y aun así, hay que admitir que a veces las personas de
clase social baja se crean ellas mismas sus propios muros que les auto-impiden
hacer según qué cosas. Sin ir más lejos, el otro día le pregunté a mi novio que
por qué bebía agua del grifo si ahora mismo cobraba unos 1300 euros al mes y esa
agua sabía a metal y cloro que tiraba para atrás, me respondió algo así como
que siempre había bebido esa agua porque en su casa no habían tenido ni para
agua embotellada y que ahora más que el hecho de que se hubiera acostumbrado, le
ocurría que tenía algunas barreras psicológicas invisibles que le impedían
comprar agua embotellada. Esas barreras psicológicas tienen que ver con el: “no me lo puedo permitir, no puedo
alcanzarlo, por tanto ni siquiera me lo planteo”, y es curioso porque
pueden permanecer en el pensamiento de la persona sin pasta incluso cuando ésta
ya dispone del suficiente capital económico como para sobrevivir, o incluso para
vivir bien.
Sin ir más lejos, yo misma no dejo de
quejarme sobre este tema y quizás todo lo que he escrito sobre ello esté
cargado de prejuicios infundados y sólo sea una persona débil más incapaz de
enfrentarse a este mundo, que para mí resulta tan cruel y despiadado.


