Este blog nace con la idea de escribir artículos desde la perspectiva de una licenciada en filosofía en paro. Especifico que todos los artículos del blog son artículos de opinión abiertos a debate. En ningún momento intento imponer mi visión particular del mundo a los demás, aunque sean mis opiniones las que aquí expreso.

martes, 27 de agosto de 2013

Los "hermanos" más traviesos de la política, una forma de eludir responsabilidades.

Todos recordaremos el gran programa Salvados, 'Los olvidados', de Jordi Evolé en La Sexta sobre el accidente de metro de Valencia de 2006. En el programa, Jordi hablaba de la falta de responsables frente a uno de los accidentes de metro más grandes de Europa, en el que hubieron 43 muertos y 47 heridos. Gracias a Jordi Evolé el caso volvió a estar en antena de forma más clara que nunca: aparecieron nuevos testimonios que incriminaban al Gobierno de la Generalitat Valenciana, se vio claramente cómo las pruebas podían haber sido manipuladas y se volvieron a reabrir las sospechas de los afectados sobre el inadecuado sistema de seguridad, el hecho de que nunca apareciera el libro de averías del convoy y la afirmación sobre unas vías y trenes obsoletos. 

Pues bien, no sé si recordáis el momento en el que Jordi llamó por teléfono para pedir explicaciones al President de les Corts, Juan Cotino. Fue bastante gracioso porque primero no le cogió el teléfono, pasados diez minutos le llamó afirmando que él era Cotino, y más tarde, cuando Jordi Evolé le dijo que era del programa Salvados, la persona que había tras el teléfono -probablemente el mismo Juan Cotino- le dijo que no era Juan Cotino, sino que era su hermano. 






Esto me recuerda a cuando éramos peques, rompíamos un plato de la cocina mientras jugábamos y nuestra mamá con cara de pocos amigos decía: "¿quién ha sido?" y con esa picardía infantil le respondíamos: "ha sido el tete" señalando a nuestro hermano pequeño. Pues bueno, tenedlo muy presente porque ha aparecido otro caso más de "hermanitis" en España. Ayer había una noticia exclusiva para los socios de eldiario.es que hoy el diario ha hecho pública: el nuevo presidente del Corte Inglés, Dimas Rodrgio Gimeno Álvarez, estuvo en las listas electorales de la Falange por tres veces consecutivas




La excusa que ha puesto la empresa a esta noticia es que es una práctica habitual de familiares incluir a otros miembros de la familia en las listas electorales de los partidos pequeños para rellenar. Según la empresa y como dice eldiario.es en facebook, "Gimeno nunca habría militado en la organización y fue su hermano quien le incluyó en las listas". El caso es que Gimeno habría estado en esas listas tres veces seguidas: en 1996, 1999 y 2000 -la última con 25 años de edad-. Con el tiempo se verá si lo que ha dicho la empresa es cierto o no, pero cabe reflexionar qué hubiera pasado si Gimeno llega a ser elegido por la Falange, ¿se hubiera puesto al cargo del partido su padre y su hermano usando su nombre?, ¿hubieran mentido usando su rostro, pero manejarían el partido sus familiares, incluído él?, ¿acaso Gimeno desconocía la gravedad de estar apuntado en esas listas?, ¿compartirá Gimeno ideología con sus familiares?, ¿acaso Gimeno ignoraba que su hermano le había apuntado en las listas?

Sobre la última pregunta, mi respuesta es: lo dudo mucho. Parece que lo de echar la culpa a los hermanos de lo que uno mismo es responsable es una práctica habitual por parte de políticos y directivos aquí en España. Aquí nadie asume su responsabilidad cuando toca, todos le echan la culpa a otra cosa: un hermano, un maquinista, un contable. Tras la muerte de 43 personas, a Cotino lo único que se le ocurrió fue sobornar a los familiares de las víctimas como si de una mafia se tratara. Fue incapaz de enfrentarse con Jordi Evolé por teléfono y tampoco quiso hablar con él cuando se le acercó en la calle, estoy segura de que si hubiera podido cambiar su físico por el de su hermano -si es que ese hermano existe- a lo Mística de los X-Men, lo habría hecho. Y todo con el fin de eludir responsabilidades. Ahora, tampoco Gimeno reconoce la culpa que puede tener, incluso aunque lo que dice eldiario.es fuera cierto, no estaría de más una explicación mejor a la habitual de: "ha sido mi hermano". 

Todavía hay muchas sospechas y preguntas sin resolver, lo que está claro es que en España irse de rositas cuando eres un alto cargo de lo que sea, es muy sencillo.  

lunes, 26 de agosto de 2013

BORRADOR y apuntes. "El Estado de bienestar genera ciudadanos pasivos": Las dos caras de un mismo argumento.

Artículo sin concluir, ya que no puedo dedicarle mucho más tiempo dejo aquí lo que he reflexionado por si algún día pudiera retomar, disculpen las molestias.

Hay una idea que estudié en la facultad con la que nunca acabé de estar de acuerdo, una idea que se estudia mucho en el departamento de ética y que me costaba muchísimo aceptar cuando estudiaba. Siempre me ha dado la impresión de que en la facultad nos metían esta idea con calzador y que luego la defendíamos sin saber muy bien por qué o con falta de argumentos. Se trata de la idea sobre que el estado de bienestar genera ciudadanos pasivos que Adela Cortina explica en Ciudadanos del Mundo (1997), entre otros libros. Lo cierto es que ahora acepto esta idea, pero matizando que uno de los factores que genera ciudadanos pasivos es estar integrados en el sistema capitalista. Si entendemos estado de bienestar por capitalismo, entenderíamos la idea de Cortina sobre que el estado de bienestar genere este tipo de ciudadanos, pero yo prefiero decir simplemente que es el capitalismo uno de los factores que los genera.

¿Por qué es tan importante semejante estupidez y le he dedicado un artículo tan largo a una cuestión tan tonta? Pues porque se puede malinterpretar que el estado de bienestar entendido como Estado social protector y dador de los derechos básicos frente a la lógica del mercado, es quien genera este tipo de ciudadanos pasivos. ¿Y por qué es tan importante que las personas no sean partícipes de esta mala interpretación? Pues porque muchos neoliberalistas cogen este mismo argumento para defender que no es necesario un estado de bienestar dentro de una sociedad capitalista, entendiendo estado de bienestar como un Estado social de derecho. Últimamente, están de moda argumentos del tipo: "el Estado de bienestar se lo da todo hecho a los ciudadanos y así nos salen ciudadanos idiotas, por tanto, hay que quitar becas y prestaciones sociales para que se lo curren" o "el Estado de bienestar es imposible y está en crisis porque el Estado no da a basto cuidando a los más pobres desde la cuna hasta su tumba". 

Aquí os dejo algunos de estos argumentos redactados por parte de un defensor del neoliberalismo que piensa que el Estado de bienestar entendido como Estado social -interventor de las leyes del mercado y protector de derechos- es imposible. Lo cierto es que, al contrario de los argumentos que he redactado en el párrafo anterior, son premisas fuertes basadas en argumentos fuertes, pero al final lo que intentan desacreditar es la función del Estado social como interventor del mercado y la función del Estado social como dador de unos derechos mínimos. Todo en base al argumento falaz, al que más tarde volveremos, de la autorregulación de los mercados. Como veis, uno de los argumentos más importantes de este defensor del neoliberalismo es el mismo que el de Adela Cortina: que el estado de bienestar genera ciudadanos pasivos. La diferencia es que Cortina entiende el estado de bienestar como una especie de sinónimo del capitalismo y el neoliberalista entiende por estado de bienestar un Estado social. 

Para introducir mi posterior argumentación quisiera poner al lector en breves antecedentes históricos sobre la aparición del estado de bienestar para luego pasar a explicar lo que dice Adela Cortina sobre el estado de bienestar, y más tarde, a la concepción de Peter Drucker de "megaestado".

El estado de bienestar surge a finales del siglo XIX, concretamente en 1881, impulsado por Otto Von Bismarck, canciller de Alemania entre 1871 y 1890. Empezó como un Estado en el cual el gobierno promovió beneficios sociales a través de la generación de recursos y de la distribución de bienes y servicios hacia los ciudadanos con el objetivo de que el Estado pudiera intervenir en los mecanismos del mercado para proteger a los ciudadanos y mejorar su calidad de vida. Sin embargo, y más importante, aparte de crear políticas sociales para el obrero asalariado y las clases más desfavorecidas, otra finalidad del Estado de bienestar fue contrarrestar la influencia socialista y frenar el crecimiento del partido socialdemócrata. Es decir, combatir la amenaza de la lucha de clases y la marea socialista gracias a la iniciativa de Otto von Bismarck. Lo mismo pasó en 1870, año en que EEUU estableció gradualmente la regulación de los bancos de negocios, los ferrocarriles, la energia eléctrica, los teléfonos. Esta regulación fue vista como una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo, pero lo cierto es que parte de los intereses por parte de algunos empresarios fue apaciguar una guerra de clases.

Según Adela Cortina, catedrática de Ética y filosofía política de la Universitat de València, el Estado de bienestar -ella lo escribe con mayúsculas- ha confundido la protección de los derechos básicos del ciudadano con la satisfacción de los deseos infinitos del individuo. Cortina piensa que un Estado social democrático de derecho debe proporcionar a los ciudadanos un acceso a la justicia como igualdad de oportunidades y derechos, pero que el "bienestar" -que implica algo más que los derechos básicos- es cosa de cada ciudadano particular. Por supuesto, el Estado no debe interferir ni frustrar ese bienestar, pero no le corresponde al Estado proporcionarlo. Según Cortina, como consecuencia de este intento de satisfacer los deseos infinitos del individuo, el Estado de bienestar genera ciudadanos dependientes y pasivos incapaces de solventar los problemas por sí solos, unos ciudadanos con alergia al voto, irresponsables y muy lejos de ser críticos con la sociedad en la que viven. Esto ocurre precisamente porque el Estado de bienestar actúa como un padre protector concediéndole todos los caprichos a los ciudadanos, sus niños. Siendo así, un Estado es legítimo cuando garantiza los derechos sociales mínimos a sus ciudadanos, y habría que ver qué mínimos se requieren en las diferentes culturas para ver qué tipo de estado de bienestar podemos crear. La legitimidad del Estado no tendría nada que ver, por tanto, con el "bienestar" del ciudadano, sino con ofrecer unos mínimos de justicia: vivienda digna, ingreso básico, trabajo, asistencia sanitaria, educación, etc.

En parte, esta idea de un estado de bienestar en la que el Estado actúa como padre sobreprotector de sus ciudadanos tiene su raíz en la concepción de Peter Drucker de "megaestado". Este megaestado es áquel que intenta convertirse en dueño de la economía y dueño de la sociedad abarcándolo todo. No sólo los aspectos políticos de una sociedad, sino también los aspectos sociales. Siendo así, el Gobierno fija las reglas, establece las pautas, provee, pero no hace. Como consecuencia, es un tipo de Estado electorero en el que los políticos hacen saqueos y maniobras para asegurar su propia elección. Este tipo de Estado podemos encontrarlo si pensamos en los estados totalitarios, el nazismo estableció un sistema de protección social caracterizado por el autoritarismo mediante la prohibición de otras opciones políticas, sindicatos y organismos sociales independientes del partido nazi. Lo que consolidó este estado de bienestar nazi fue la expoliación: primero a comunistas, gitanos y judíos alemanes, luego del sector externo -es decir, los países ocupados-. Los niveles de impuestos eran bajos mientras que los niveles de consumo eran bastante altos para los miembros de la llamada raza superior. Según Drucker también existe una forma de "megaestado" más moderada -no totalitarista- acuñada a los Estados Unidos y Europa Occidental. Para Drucker, ninguna de estas dos formas de megaestado han funcionado, ambas -totalitarista y moderada-, han sido un fracaso.

Sin embargo, tal y como recoge Cortina esta idea del Estado de bienestar añadiendo a esta idea el matiz de los ciudadanos pasivos, tiene una raíz claramente terminológica en la que se apoya para dar sentido a su argumentación.

Cortina recoge la terminología kantiana en la que se diferencia entre "bienestar" y "justicia". A Kant le parecía que cifrar en el bienestar la meta del derecho político era corromper los fundamentos mismos del Estado de derecho debido a que, para él, el bienestar sensible es un ideal de la imaginación. Para Kant, igual que para Cortina, la justicia como ideal de la razón es la meta a la que ha de aspirar el derecho político. Adela Cortina diría entonces que el Estado de bienestar ha de sustituirse por un Estado de justicia en el que no se confundan los deseos ilimitados de los ciudadanos con los derechos mínimos de los mismos, abogando por esta última política.

¿Cuál es mi opinión? 

Personalmente estoy de acuerdo con la definición de ciudadanos pasivos que da Adela Cortina y pienso que esos ciudadanos existen en la sociedad capitalista occidental. Si entendemos el estado de bienestar como sinónimo de capitalismo -tal y como considero que la entiende Cortina- esta tesis es concedible, pero si entendemos estado de bienestar como Estado social promulgador de derechos básicos entonces no podemos defender la misma tesis.

Primero, es un hecho que aunque nos joda, en España actualmente vivimos en una sociedad capitalista y estamos integrados de pleno en ella. En esa sociedad capitalista necesitamos que se respeten unos derechos mínimos que actúen para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos con el objetivo de que puedan vivir bien. Ese "vivir bien" tiene que ver directamente con el hecho de que exista un Estado justo que se encargue de ofrecer una serie de derechos básicos como los antes citados: vivienda digna, trabajo digno, asistencia sanitaria, educación, etc. Sobre todo si estos derechos vienen de la mano de impuestos que pagan los ciudadanos. Coincidiremos en que el estado de bienestar consiste precisamente en ofrecer estas medidas de protección social por parte del Estado frente a la lógica del mercado.

La crítica hacia el estado de bienestar por parte de posiciones neoliberales tendría como base la de que el mercado se autorregula y no es necesaria ninguna intervención del Estado al respecto. Sin embargo, aquí lo que importa no es si el mercado se autorregula o no, sino si se autorregula de forma justa para los ciudadanos. Por desgracia esto no ocurre, las demandas de la población no siempre resultan rentables para las empresas privadas, así que necesitamos: a) que el Estado proporcione esos mínimos y b) que la sociedad civil posea sus propios colectivos y asociaciones independientes del Estado para protegerse de las posibles medidas totalitaristas que se puedan promover por parte del Gobierno. La sociedad civil debería ser crítica y limitante de las medidas ilegítimas del poder y el Gobierno. 

Segundo, no creo que el Estado social como papá le haya concedido nunca todos sus caprichos a sus niños, si entendemos por "caprichos" los deseos ilimitados de los ciudadanos de los que habla Adela Cortina. Cierto que el capitalismo y las tecnologías nos han hecho tener mucho más a mano esos caprichos, pero al fin y al cabo esos caprichos son satisfechos por el propio ciudadano que posee un salario de forma individual. Es el propio hecho de estar inmersos en un sistema capitalista lo que hace que vivamos en esa situación de "bienestar" en la que se confunde la felicidad con las posesiones, la apariencia, el consumismo o el poder. Pero el Estado como interventor social y promulgador de políticas sociales no ha concedido más que mínimos y básicos a sus ciudadanos. Si los ciudadanos se han vuelto pasivos, bien puede ser como causa de formar parte de un sistema capitalista que los hace carentes de capacidad crítica y que los mantiene alienados, pero no porque el Estado social les haya concedido todos esos deseos. La sociedad civil reclama y exige derechos cuando esos derechos le son vulnerados por parte del Gobierno, pero no creo que reclame grandes lujos, ni que el Estado social haya ofrecido nunca tales lujos.   
  
Tercero, parece que la creación del Estado de bienestar sirvió en un principio para evitar la lucha de clases, pero lo cierto es que si se evitó, fue porque el obrero asalariado empezó a conseguir los derechos sociales que reclamaba por parte del Estado. Podríamos pensar que se evitó porque gracias a las políticas de Bismarck u otros, se logró callar la boca a los trabajadores y obreros asalariados para fomentar que trabajaran como corderitos al servicio del sistema y para evitar la marea socialista. En parte es cierto, pero también habrá que admitir que si se callaron, si dejaron de luchar, fue en parte porque por fin consiguieron una parte de lo que reclamaban: una mejor calidad de vida y mejores condiciones laborales. Hay que tener en cuenta que existen muchos tipos de socialismos y el socialismo no es ni anarquista ni anticapitalista por defecto. Sí, podemos encontrarnos con el socialismo libertario que defendería un anarquismo social, pero también existe el socialismo marxista que defendería el uso del poder del Estado para acabar con el sistema capitalista y la sociedad burguesa, o también con otro tipo de socialismo que defendería los derechos humanos, la dignidad humana y la justicia social dentro de una sociedad capitalista. Lo cierto es que aunque algunos de estos socialismos no lograran triunfar, probablemente sin la presión social de los obreros asalariados y los grupos socialistas de la época, ni siquiera nos hubieran concedido esas prestaciones sociales. Fue una forma de entrar en el sistema capitalista con vaselina, pero también fue una manera de adquirir derechos, unos derechos que sin protesta social no nos hubieran dado "porque sí".

Cuarto, el principal argumento neoliberal por el cual se critica el estado de bienestar por generar ciudadanos pasivos -y con el objetivo de erradicarlo de la sociedad capitalista- es que el estado de bienestar en un Estado totalitarista como el nazi protegió los derechos sociales de unos ciudadanos concretos, y esto acabó en que esos ciudadanos callaran obedeciendo el regimen. Efectivamente, éste no es un Estado justo en tanto que también limita el poder de la sociedad civil intentando controlar todo aquello que se le antoja, censurando los grupos independientes del Estado que pueda tener la ciudadanía y haciendo caso omiso de las minorías. El nacionalsocialismo prometió a sus ciudadanos políticas sociales que luego pagó mediante la expoliación de los países ocupados, además de robar a los que no pertenecían a la raza aria. No sé hasta qué punto los ciudadanos alemanes sabían esto o fueron engañados, supongo que lo sabían. Es cierto que éste es un buen ejemplo de tener a los ciudadanos contentos mediante políticas de protección estatal, pero reducirlo todo a que la culpa del "mirar hacia otro lado" de los ciudadanos alemanes fue culpa de las políticas de protección social llevadas a cabo por el régimen alemán no sé hasta qué punto es un argumento válido. Sobre todo porque creo que aparte de que las políticas de protección social pudieran influir en mantener el régimen, pienso que lo que llevó a los ciudadanos alemanes a ser ciudadanos pasivos fueron las características totalitaristas y fascistas propias del régimen nazi. 

Del mismo modo, pienso que lo que genera ciudadanos pasivos en la actualidad del mundo Occidental es el hecho de estar integrados en un sistema capitalista que ha dejado de ser lo que pretendía ser en la teoría. 

@LReplicante.

miércoles, 14 de agosto de 2013

El poder de la sociedad civil, mucho más allá de la solidaridad.

Finalmente, la desorbitada inversión de la Fórmula 1 en Valencia ha sido un fracaso, pero se agrava la situación con la noticia de que para romper el contrato de la organización del Gran Premio de F1, la ciudad tendrá que pagar 33 millones a Bernie Ecclestone como penalización por liquidar el acuerdo. 

Lo más curioso es que Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana, firmó la prórroga del contrato de la F1 un día antes de su dimisión voluntaria. Además, también se sabe que Rita Barberá cenó con Ecclestone ese mismo día llegando al pacto de la renovación del contrato. Por aquel entonces la carrera ya no era rentable a la Comunitat Valenciana, pero la ruptura del contrato suponía una indemnización de 65'6 millones de euros -el equivalente a dos años de canon- y enfrentarse a la justicia británica. 

Aunque posteriormente se supo que esa prórroga era inaplicable, parece ser que Camps sabiendo que iba a dimitir, le pasó la patata caliente a Alberto Fabra sin pensar en el futuro de la Comunitat. En principio, el actual presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, está intentando subsanar el error de Francisco Camps negociando con Ecclestone. Sin embargo, parece que la cosa se va a quedar en esos 33 millones que comentábamos al principio de la noticia más la deuda que lleve a cuestas la Comunitat por la inversión en un proyecto que ha costado una cantidad de dinero estratosférica a las arcas públicas.





Leyendo todo esto me he acordado de los incendios sucedidos el año pasado en Valencia que afectaron a las localidades de Cortes de Pallás y Andilla (aparte de algunas otras). A lo mejor los lectores no le ven mucha relación, pero recuerdo haber protestado indignada por los incencios diciendo que cómo era posible que esa cantidad ingente de dinero hubiera ido destinada a la Fórmula 1 y se hubiera descuidado tanto en materia forestal. 

Recuerdo que mucha gente se volcó en ayudar en los incendios, salieron voluntarios hasta de debajo de las piedras para recoger a los animales heridos por el incendio, repoblar los bosques, atender a las personas que habían perdido sus viviendas y un largo etcétera de acciones solidarias. Especialmente, recuerdo una iniciativa que tuvo mucho éxito llamada Un voluntario, un árbol propuesta incialmente por el forestal -por aquel entonces en paro- Luis Castillo Cortés entre otros. La inciativa consistía en que cualquier miembro de la sociedad civil podía participar voluntariamente colaborando y en la organización para limpiar, subir material y repoblar los bosques de las zonas afectadas por los incendios. 




La respuesta de la sociedad civil ante los numerosos incendios fue rápida, masiva y concisa, en ese sentido se puede decir que fue admirable, pero puedo recordar que esa misma sociedad civil casi se me echa al cuello cuando denuncié en su grupo de facebook a la Generalitat por no haber invertido en material forestal. Es decir, por no haber prevenido los incendios cuando, en vez de gastar el dinero en el proyecto despilfarrante de la Fórmula 1, podrían haberlo gastado en limpiar los bosques, limpiar los cortafuegos, contratar a los guardias forestales que estaban en paro o haber adoptado medidas de prevención en las zonas más dadas a peligro de incendio durante el invierno. Como se dijo entonces, un incendio se apaga en invierno no en verano. 

Cuando la gente del grupo empezó a recriminarme lo que estaba diciendo por "politizar" la tragedia, no podía entender nada. Yo no estaba criticando a esa sociedad civil solidaria, estaba criticando que el Gobierno de la Generalitat Valenciana era capaz de despilfarrar con inversiones absurdas como la F1 de las cuáles sólo se obtenían pérdidas, pero no era capaz de prevenir incendios gastando el dinero público en lo que realmente importa. ¿Acaso dije alguna mentira? Además, podría citar miles de proyectos ridículos en los que ha invertido la Generalitat con dinero público, habiendo podido invertir en un mayor bienestar de la sociedad civil en materia de educación, sanidad, materia forestal, libros para los chavales, etc.

Por un momento pensé que a lo mejor la gente había entendido que lo de los incendios fue fruto del azar o que aquel grupo simplemente estaba destinado al voluntariado y sobraba la materia política. Aún así, me pareció un poco extraño teniendo en cuenta que esta tragedia tenía que ver directa o indirectamente con materia política, el grupo de rap los Chikos del maíz dejó muy claro hace poco su postura sobre lo de "politizar" las tragedias. Por otra parte pensé: "vale, tiene que haber algo más, ¿quién permite a los voluntarios actuar en las zonas afectadas?, ¿quiénes les dan vía libre para trabajar allí?" La respuesta era la siguiente: la propia Generalitat. Efectivamente, yo estaba en un grupo de voluntariado al que la Consellería había dado vía libre para actuar con ciertas condiciones, criticando a la Consellería -a la Generalitat, al propio Gobierno de la Comunitat-, así que las cabezas visibles del grupo tuvieron que cerrarme la boca como pudieron. Aún tengo el mensaje privado en facebook en el que una de esas cabezas se disculpó diciendo que hacía poco había plantado una denuncia a la Consellería por el asunto de las talas bajo los tendidos eléctricos, así que sabía de lo que hablaba, pero que para una vez que tenían esa colaboración...

Vuelvo a repetir que admiro a esa sociedad civil solidaria, pero no debemos olvidarnos de denunciar los recortes y defender nuestros derechos sociales. Desde mi punto de vista, el dinero de las arcas públicas debe gastarse en el bienestar de la sociedad, en crear empleo, en prevenir las tragedias. Como ciudadanos que pagamos impuestos debemos exigir que el Gobierno use ese dinero para mejorar nuestra calidad de vida. No habiendo prevenido el incendio en favor de gastar el dinero público en otras cosas propias de la alta cuna valenciana, lo lógico hubiera sido contratar a gente capaz de reconstruir los bosques tras los incendios. Sin embargo, tuvieron que acudir cientos de voluntarios para llevar a cabo esta labor gratis, lo cuál le vino de lujo a la Consellería. La conclusión de esos días fue que no hubieron responsables de los incendios y la imagen de la Generalitat quedó limpia gracias a la inciativa de los voluntarios -iniciativa que no fue de la Generalitat ni de la Consellería-, que como siempre, se salieron con la suya.

Ahora esa deuda de la F1 que arrastra la Comunitat Valenciana junto con la multa de los 33 millones de euros, demuestran definitivamente que el único objetivo de la Generalitat es lucrarse unos pocos acosta de la recalificación de los terrenos, los tratos de favor y la pobreza de la sociedad. La desorbitada deuda no recaerá en Camps ni en Rita Barberá, recaerá en la sociedad civil cuyo bienestar y derechos irán desapareciendo con la excusa de una crisis provocada -en parte- por los que nos gobiernan. Pienso en la gente de ese grupo de facebook que aún hoy sigue en marcha, me encantaría que leyeran esto sin juzgarme personalmente y comprendieran que, a veces, la sociedad civil tiene deberes que van mucho más allá de la solidaridad. 

@LReplicante.

lunes, 12 de agosto de 2013

La precarización laboral de los escritores: unir fuerzas en épocas difíciles.

Este es un artículo un poco distinto de lo que llevo escribiendo hasta el momento en el blog, supongo que se trata de un artículo algo más personal, pero que a la vez trata un tema bastante actual como lo es la precarización laboral en los distintos gremios profesionales que conforman la sociedad española.

Hace poco eché un ojo al twitter de cierta periodista que me comenzó a seguir en la red social y cuando vio que yo le seguía a ella, dejó de hacerlo. Parece que ésta es una práctica habitual en twitter para captar seguidores, pero sinceramente, no entiendo esta práctica. Entiendo que no sigas a alguien porque no te interesen los contenidos que oferta en la web y quizá éste pudo ser el caso de la periodista, pero que dejes de seguir a la gente así sin más sólo para tener más seguidores no dice muchas cosas buenas de la gente que lo hace. Es más, yo lo catalogaría de mala práctica, pero a lo mejor es que tengo más principios que la mayoría. Especialmente no lo entiendo como práctica habitual de otra gente que también está empezando con esto de hacerse un nombre en las redes sociales. Lo normal sería apoyarnos mutuamente para intentar que el número de seguidores de ambos sea mayor -y sobre todo, que a ambas partes nos interese el contenido que oferta el otro- y no dar la patada al otro de esa manera tan rastrera. Lo único que consigue esta práctica es que sientas desconfianza hacia la persona que deja de seguirte, independientemente de que esa persona sea un periodista famosísimo o no.

Aún así lo que quería comentar en este artículo es un debate que se llevó a cabo en la cuenta de twitter de esta periodista. Supongo que habréis notado que no digo su nombre, la verdad es que en un artículo normal pondría links y hablaría de ella nombrándola, pero puesto que no se trata de responder a un artículo que escribiera sino que se trata de una simple conversación en twitter en la que las frases son cortas y todo se puede malinterpretar, prefiero no hacerlo y escribir el artículo a modo de reflexión personal. 

En su cuenta ella decía que todos los "periodistas" que publicaban sin cobrar en webs, sólo por vanidad, se estaban cargando la profesión. Es cierto que trabajar gratis es cargarse una profesión en el sentido de que es aceptar unas condiciones laborales totalmente precarias e inhumanas. Además, también estoy de acuerdo en que los profesionales que trabajan gratis sólo por mantener la firma precarizan la profesión todavía más si cabe. De igual modo, escribir en webs que luego utilizan tus artículos para su propio beneficio no trae nada bueno. 

A pesar de todo, lo cierto es que me cuesta mucho pensar que una persona pueda trabajar gratis simplemente por vanidad, sin necesitarlo. Aclaro que esto es sólo una opinión personal y no me baso en dato alguno, pero normalmente cuando se trabaja gratis entiendo que es porque existe algún tipo de necesidad detrás. Puede ser porque la gente que está empezando necesita hacerse un nombre tirando de proyectos propios que al principio carecen de capital, puede ser porque quieren ganar experiencia trabajando -que muchas veces se valora más que el curriculum académico-, pero ¿por vanidad? Puedo estar equivocada, pero me cuesta aceptarlo. Si necesitan mantener la firma escribiendo, supongo que es porque no les contratan porque los editores se aprovechan de las circunstancias que estamos viviendo.

Es un tema mucho más complicado de lo que parece porque lo cierto es que los propios periodistas aceptan cobrar 29 euros por pieza, por lo que si criticas a aquellos que hacen el trabajo gratis el argumento no puede ser: "los que lo hacéis gratis os cargáis la profesión". Al menos no sin añadir lo siguiente: se cargan la profesión los que trabajan gratis, pero también se cargan la profesión los que aceptan cobrar sueldos miserables. Y sobre todo la denuncia se salta una parte muy importante del tema a tratar, a saber: que son los editores, las empresas y los de arriba los que se aprovechan de las ilusiones de los demás para ganar beneficios. Si echas la culpa a alguien de que se está cargando la profesión, al menos hazlo en ambos sentidos, tendrá la culpa el escritor que permite que su trabajo se precarice de esa manera, pero también es culpabe el empresario o editor que juega con la situación de desempleo que está viviendo el país. En una situación con más de seis millones de parados en un país, sería ridículo echarle la culpa de precarizar la situación laboral de un gremio sólo a las personas que trabajan gratis. En primer lugar, porque con esa tasa de desempleo lo más probable es que la razón principal por la que la mayoría trabaje gratis sea por necesidad -salvo por unos pocos vanidosos que quieran mirarse en el espejo mientras se besan a sí mismos-, de la misma forma que tú trabajas cobrando una miseria por necesidad. En segundo lugar, porque se te olvida denunciar una parte de la ecuación igual de importante que la de los escritores que publican sin cobrar, a los de arriba, que se están aprovechando de la supuesta y eufemística "crisis" cuando por ejemplo, algunos periódicos sin pérdidas como El País han hecho EREs sin necesitarlo poniendo como excusa la famosa "crisis"

Hace poco leía la situación de Francesa Borri como corresponsal de guerra en Siria, ella misma decía que le pagaban una miseria por artículo a pesar de estar en primera línea de guerra. En el artículo decía que podría hacer su trabajo por 100, pero siempre habría alguien que lo haría por 70. Igualmente, hablaba del poco respeto que se tienen entre los compañeros a la hora de cubrir las noticias, hasta el punto de que estuvo metida en una situación bastante peligrosa porque su colega le indicó mal la dirección de la manifestación con el fin de que sólo pudiera cubrirla ella. 

Al final, me quedo con la parte del artículo de Francesa Borri donde incita a los periodistas a unirse y a apoyarse entre ellos, pero añadiría que no sólo los periodistas deben hacerlo, sino también todos los gremios profesionales. El problema de nuestro mundo es que nos han enseñado a ser excesivamente individualistas, no sabemos actuar colectivamente mediante una cooperación transparente y sincera, somos individos alienados en una sociedad masificada velando sólo por nuestros intereses particulares y egoístas. Como consecuencia, nos cuesta empatizar con la situación que viven los demás y ponernos en el lugar del otro, vivimos en un mundo realmente agresivo y competitivo.  

Nos hemos olvidado de lo que significa juntarse para unir fuerzas, de lo que significa respetar al otro y luchar colectivamente por los derechos del grupo. Quizá algún día estemos tan exprimidos que se nos ocurra la genial idea de volver a hacerlo, o quizá se salgan con la suya y sigamos quejándonos desde nuestra particular trinchera sin unir fuerzas echándoles las culpas a unos y a otros sin poner el punto sobre las íes a quienes realmente se lo merecen.

@LReplicante.

domingo, 11 de agosto de 2013

El buzón del terror: Mecanismos de control de la sociedad en España.

Hace ya unos días nos llegó la noticia que decía que el Ministerio de Empleo a cargo de Fátima Báñez creaba un buzón contra el fraude laboral para denunciar infracciones de forma anónima. La noticia es ya conocida por todos, hasta el punto de que los usuarios de la red han decidido utilizar el buzón contra el fraude para denunciar al Partido Popular por sus cobros en B, además de muchas otras razones que no me pondré a enumerar ahora.

Después del revuelo que causó esta medida, Arturo González escribía en el diario Público sobre el peligro de la delación, esto es, denunciar desde el punto de vista del anonimato y desde la impunidad a otro ser humano por alguna conducta improcedente socialmente. Más adelante, leímos otras noticias como que detrás del buzón contra el fraude laboral no había nadie que atendiera las denuncias, o lo que es lo mismo, no existe ningún protocolo de actuación que determine cómo proceder ante la recepción de denuncias.

A raíz de haber leído este último artículo en el que se especifica que si el denunciante quiere ser parte o interesado en la denuncia podrá hacerlo mediante una denuncia formal, me he hecho la siguiente pregunta: ¿Y si el supuesto buzón es, simple y llanamente, una medida de terror para amedrentar a la sociedad española?, ¿y si ésta es su única y verdadera función?

De momento, tenemos el dato de que detrás del buzón no hay nadie y de que el proceso de registrar todas las denuncias anónimas y llevarlas a ejecución, en caso de hacerse, va a ser mucho más difícil que con el sistema anterior, puesto que el buzón no especifica el tiempo ni el espacio del posible delito cometido y tampoco ofrece la posibilidad de informar de las acciones de personas físicas y jurídicas. Además, en la propia web del ministerio, hablando sobre las denuncias formales, se indica que las denuncias anónimas no se tramitarán. Leyendo alguno de los comentarios que ha suscitado la noticia, nos encontramos con que hay quien piensa que el buzón está hecho para el beneficio de los empresarios en detrimento de los trabajadores, pero yo creo que la función del buzón va mucho más allá. Cualquiera puede denunciar en el buzón, sea o no directivo de una empresa. Si esto es así, cabe preguntarse cuál es la función última de este buzón.

Una de las premisas fundamentales de los Estados totalitarios y fascistas ha sido mantener bajo estricto orden y control el comportamiento de la población. Por tanto, la información sobre los colectivos e individuos de una población se vuelve importantísima en una sociedad de estas características: si tenemos información sobre cómo funcionan los individuos y colectivos en profundidad, podremos saber cómo manipularlos y controlarlos. La manipulación y el control de la población acaba derivando, entre otras cosas, en una mayor obediencia por parte de los miembros de una sociedad. Actualmente, la era digital permite que la información sobre los individuos miembros de una comunidad sea más transparente, mientras que por el contrario, los poderes públicos son cada vez más opacos e incontrolables. Si a esto le sumamos que el Estado posee nuevas herramientas para poder controlar de forma anónima a sus ciudadanos y que la sociedad civil carece de derechos mediante los que puedan protegerse del uso indebido del poder, nos encontramos con que los ciudadanos estamos en bragas ante posibles injusticias que se puedan cometer por parte del Estado. Los Gobiernos reproducen sistemáticamente lo que han aprendido de los régimenes totalitarios para obtener más poder, y la obtención de poder pasa por el control de los ciudadanos. Unos ciudadanos cuyos derechos merman paulatinamente, ciudadanos que se transforman en dócil ganado fácil de manejar.

Ante tal poder estatal, me pregunto por qué el Gobierno de España pondría un buzón en el que los propios ciudadanos son los delatores de los otros. Si estamos viviendo en una época en la que, como dice Arturo González, el Gobierno tiene la suficiente capacidad para crear mecanismos con los que controlar a sus ciudadanos sin necesidad de usar la delación, ¿qué sentido tiene un buzón puesto precipitadamente en la web del Ministerio, cuyas denuncias irán llegando sin que nadie pueda administrarlas?, ¿de qué le sirve al Gobierno?, ¿cuál es su verdadera función? Y aquí está el quid del meollo. Pienso, que lo único que quiere fomentar nuestro Gobierno con la creación de tal buzón es el miedo. Ten miedo de que tu vecino pueda denunciarte, ten miedo de que tu compañero de trabajo o alguno de tus jefes vulneren tu presunción de inocencia injustamente. ¿El por qué? Es sencillo, las personas con miedo, obedecen. Es mucho más sencillo que un trabajador obedezca si tiene miedo constante a que otros, sus superiores o no, puedan denunciarle. Hacer que la sociedad viva con miedo es uno de los mecanismos de control más eficaces que puede tener un Gobierno para dominar a una población. Además, tener miedo a tu vecino implica que los posibles grupos que puedan surgir para contrarrestar otro tipo de poderes permanezcan separados. Los individuos alienados son mucho menos peligrosos para el poder que los grupos. Sea ese buzón inútil o no en la práctica, apuesto a que infundir miedo es una de sus funciones.

En las redes sociales los ciudadanos han dejado claro al Gobierno que no se van a dejar amedrentar denunciando al propio Partido Popular en el buzón, pero lo cierto es que ya he leído varios comentarios hablando sobre lo peligrosos que son los que ahora ostentan el poder y que "hay que tener cuidado". Por una parte, es digno de admirar que la población responda a esa medida represora mediante las denuncias serias y humorísticas hacia el PP. Por otra parte, me pregunto si el buzón estará cumpliendo parte de su función en aquellas personas que precavidas -con razón- dicen que "hay que tener cuidado".

@LReplicante.

Más referencias consultadas para escribir el artículo aparte de las ya citadas en los enlaces:
  • Documental La doctrina del shock. 
  • Steffano Rodotà. Tecnopolitica. La democrazia e le nuove tecnologie dell'informazione (2004, 2. ed.)

sábado, 10 de agosto de 2013

La hipocresía de Rafael Hernando en twitter.

En el artículo anterior hablaba de los argumentos de Rafael Hernando para desprestigiar las políticas sociales llevadas a cabo por parte del Gobierno de Andalucía y Catalunya en referencia al artículo de Rafael Ribó donde se dice que cerca de 50.000 niños catalanes no reciben una alimentación adecuada fruto de la pobreza de sus familias y 751 menores de 16 años sufren desnutrición, de los cuales el 25% son bebés

Pues bien, ayer Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso, publicó lo siguiente en su twitter:



Parece que el señor Hernando ha dado la vuelta a sus argumentos iniciales sobre lo "demagógicas" y "populistas" que son las medidas que ha adoptado el Gobierno de Andalucía y Catalunya para ayudar a los hijos de los parados. 

Vayamos por partes:

1. Estoy de acuerdo en que la primera medida que se ha de tomar para paliar una situación de malnutrición en los niños es crear políticas sociales que se centren en dar empleo a los padres. Ahora bien, que un portavoz del PP, partido que ha batido el récord de paro en España con más de seis millones de parados, argumente esto, me parece bastante hipócrita. Si tan clara tiene ud. la solución, ¿a qué espera el Gobierno para crear empleo? La crisis económica no ha aparecido como por arte de magia en nuestras sociedades, ya no vale el argumento de "es que como hay crisis, no hay empleo...". La crisis ha venido acuciada por malas políticas en las que se ha buscado beneficiar a unos pocos económicamente hasta niveles exagerados sacrificando el bienestar social de la mayoría. Si no hay empleo, busquen alternativas, sáltense las reglas del neocapitalismo liberal: sálganse del euro, no hagan caso como unos bobos de lo que dice la UE, nacionalicen la banca. Pero no, lo único que se le va a ocurrir a su partido es bajar el sueldo al 10% por mandato de la UE en boca de Olli Rehn o el FMI.

2. Sobre el argumento de que a los padres se les ayuda con políticas sociales y familiares de protección a través de ONG's y ayuntamientos, está ud. hablando de poner una tirita a un problema de salud mucho mayor. Lo que solucionaría realmente el problema es que los padres pudieran alimentar a sus hijos teniendo un trabajo adecuadamente remunerado, cosa que su partido no hace efectiva. Otra opción sería hacer lo que ha hecho el Gobierno de Catalunya y crear políticas sociales para mejorar las condiciones en los comedores o para poder tener acceso mínimo a una alimentación básica. No es la mejor de las soluciones, pero lo cierto es que al menos una parte del dinero público se va destinado a una causa social pública. 

3. ¿Qué tendrá que ver la tutela de los niños con crear políticas sociales para que los padres puedan salir adelante? Los padres son responsables de sus hijos, pero si no pueden acceder a unas necesidades básicas por causas totalmente ajenas a sus circunstancias particulares, ¿qué van a hacer? Si el Gobierno no adopta medidas para que el paro disminuya, ni crea políticas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos (si no todo lo contrario), por esa regla de tres (y siguiendo su argumento de que un padre es responsable de la alimentación de sus hijos) un padre estará en su derecho de robar un banco o atracar un mercadona para dar de comer a sus hijos. Cierto que el Estado no debe generar ciudadanos pasivos, a los ciudadanos no se nos tiene que dar todo hecho ni en bandeja de plata, pero si ud. criticara realmente eso sr. Hernando, entonces lo primero que descartaría sería el argumento de las ONG's. Por el contrario, esta medida es la primera que propone.

@LReplicante.

martes, 6 de agosto de 2013

Rafael Hernando: Los responsables de la malnutrición infantil en España son los padres.

Hoy Rafael Hernando, portavoz adjunto del Partido Popular en el Congreso, ha declarado al programa Al Rojo Vivo de La Sexta que los casos de malnutrición infantil en España son "puntuales" y que, de producirse, son "responsabilidad de los padres". Con esto contestaba al informe de Rafael Ribó, defensor del pueblo catalán, donde se dice que cerca de 50.000 niños catalanes no reciben una alimentación adecuada fruto de la pobreza de sus familias y 751 menores de 16 años sufren desnutrición, de los cuales el 25% son bebés. El propio Ribó ha dicho que no hay problemas estructurales de desnutrición infantil en Cataluña, pero sí abunda la malnutrición que viene provocada por la falta de ingresos de las familias como consecuencia de la crisis económica. 

Actualmente hay cerca de 230.000 niños que viven en hogares donde los padres están parados, una situación aún más preocupante si se toma en cuenta el hecho de que dos de cada tres parados no reciben subsidio ni prestación. En este contexto, Ribó ha criticado nuevamente las nuevas reglas de atribución de la renta mínima. Desde mayo de 2011, el número de beneficiarios de esta prestación ha disminuido a pesar del aumento del paro. (eldiario.es)

Esto me hace pensar que para Rafael Hernando, que ha soltado semejante perla, la reducción de los salarios, la subida de impuestos y el aumento del precio de los alimentos y de los servicios básicos, sumados a la disminución del umbral de la pobreza, no han repercutido económicamente en las familias cuyos hijos puedan sufrir este problema. Para él, la culpa es de los padres, que dejan que sus hijos pasen hambre. Además de esto, según Rafael Hernando, todo lo que hace el Gobierno de Andalucía o el de Catalunya para denunciar y tratar de acabar con esta situación está relacionado con las palabras "demagogia" y "populismo". Y hasta aquí llega la mentalidad de Hernando.

Me gustaría decirle al señor Hernando que vaya a conocer a alguna de estas familias en persona y les diga en su cara que es culpa suya que sus hijos pasen hambre. Dígales lo que ud. piensa realmente, dígales que han vivido por encima de sus posibilidades, dígales que son unos vagos por no estar trabajando para dar de comer a sus hijos, dígales que son unos irresponsables. De otro modo, ¿por qué les pusieron un bocata de jamón serrano para el almuerzo en el recreo cuando podían haberles puesto un bocata de mortadela y así ahorrar para las vacas flacas? ¡Irresponsables!, ¡la culpa es de los padres! Puede sonar irónico mientras lo escribo, pero apuesto lo que sea a que éste es el pensamiento de Rafael Hernando: como él no ha visto a niños malnutridos en el barrio más pijo de Almería que suele frecuentar, eso quiere decir que los casos de malnutrición infantil en España no existen. 

Humor negro aparte, una persona con algo de humanidad hubiera puesto el grito en el cielo al escuchar que un sólo niño sufre desnutrición o malnutrición en España y se hubiera informado para intentar paliar la situación en la medida de sus posibilidades. Si Hernando se hubiera informado hubiera comprobado que la mayoría de casos de malnutrición en España son provocados como fruto de la crisis económica. Crisis económica que se traslada a una crisis social para el pueblo que el Gobierno ha acentuado con sus constantes recortes sociales en empleo, sanidad, educación, etc. Un político debería tener las herramientas adecuadas para hacer que una sociedad pueda funcionar sin necesidad de caridad u ONG's, para algo están las políticas sociales llevadas a cabo por el Estado. Bien llevadas, desde mi punto de vista y en este caso concreto, por el Gobierno de Andalucía y el de Cataluña. A pesar de que la mejor política social que podría crearse para solucionar este problema es la de crear empleo.

Sin embargo, hay hombres como Rafael, que prefieren decir que estas políticas son mera demagogia o populismo, llegando incluso al punto de denunciarlas en público y responsabilizar a los padres de los niños. Si las estadísticas son o no verdad, a él no le importa. Si los niños pasan hambre o no, a él no le importa. Lo importante es discutir en contra del proyecto porque lo ha propuesto la oposición. 

Como si de un Madrid-Barça se tratara, da igual que los niños sufran o que esas políticas mejoren la calidad de vida de unos pocos niños, lo importante es intentar marcar gol con argumentos pobres. 

@LReplicante.

La moral del Gobierno, la moral del individuo: Los consejeros del Comité de Bioética de Ana Mato.

Hoy he estado leyendo una noticia del diario Público cuyo título rezaba que dos asesores de Mato son miembros de una institución vinculada al Vaticano, presidida además por un obispo del Opus Dei. La noticia no es sorprendente, no es de extrañar que el PP busque consejeros que les apoyen ideológicamente en las cuestiones morales a debatir para justificar sus decisiones finales. El artículo dice que al menos 8 de los 13 miembros del Comité de Bioética de España son manifiestamente conservadores. La realidad es que el Comité de Bioética se formó en 2007 con el presidente del PSOE Jose Luis Rodríguez Zapatero a un año de volver a ser reelegido en las elecciones de 2008, pero es ahora cuando el Gobierno de Rajoy ha decidido cambiar a los consejeros del Comité por otros nuevos miembros más acordes con su ideología moral.

Uno de los dos asesores de la ministra de sanidad Ana Mato es Vicente Bellver Capella, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia (universidad en la que yo cursé mis estudios y en la que todos sabemos de qué pie cojea el departamento de Ética) que en febrero del 2013 escribió el siguiente artículo publicado en El País: ¿Quién expide el carné de comisario moral en Bioética? En su artículo dice lo siguiente:
Ahora bien, me parece injusto para el Comité de Bioética de España y empobrecedor para la sociedad el empeño de algunos en etiquetar a los nuevos miembros como comisarios morales al servicio del gobierno.
Ciertamente es peligroso que en una sociedad florezcan los tipos que utilizan el poder para imponer su particular código moral a los demás. Pero en sociedades medianamente democráticas, como la nuestra, ese riesgo suele estar controlado. Puede, en cambio, llegar a ser más preocupante la actitud de quien, elevándose sobre el común de los mortales, se arroga la competencia para decir quién puede participar o no en órganos de deliberación bioética. Ese es, a mi entender, el verdadero comisario moral.
Lo que hace el profesor Vicente Bellver Capella es desviar el verdadero debate a un asunto de menor importancia. Según él, los que pretenden imponer su particular código moral a los demás no son los miembros del Comité de Bioética de España, sino aquellos que deciden quiénes van a ser esos miembros. De esta manera, el señor Vicente Bellver Capella se exculpa de cualquier tipo de consejo que pueda ofrecer al Gobierno en materia moral si entendemos que éste puede significar imponer su moral a los demás. Ciertamente, el Comité de Bioética es un organismo que carece de funciones decisorias y se encarga de elaborar informes no vinculantes. Sin embargo, la verdadera cuestión a analizar es que si estas personas forman parte del Comité de Bioética es porque sus ideas y actos han sido juzgados y analizados de antemano por un Gobierno cuyas ideas se corresponderán ideológicamente con las de los miembros del Comité. Es el pez que se muerde la cola: Elijo a unos miembros de Comité acordes con mi ideología moral y así me limpio el culo justificando mis decisiones morales, que se impondrán a la población a través de las leyes. Si Vicente Bellver Capella está echando la culpa de una imposición moral a áquel que escoge a las personas que forman parte del Comité, entonces debería decir claramente que son miembros con ideologías afines al Gobierno (el Gobierno mismo) quienes expiden el carné de comisario moral a aquellos que comparten sus mismas ideologías no dejando lugar al debate público ni a la diversidad de opinión.

No es casualidad que el cambio de los miembros del Comité de Bioética de España se haya producido justo con el cambio de Gobierno, tanto los nuevos miembros como los antiguos miembros eran comisarios morales al servicio del Gobierno, del mismo modo que el propio Gobierno lo es de toda la población española. En España, las cuestiones morales no están separadas de la política, mucho menos si se trata de un partido como el PP que no aboga por la laicidad del Estado y que busca recortar libertades morales del individuo para que acojan aquellas que concuerdan con la moral cristiana católica apostólica romana. Aquí la moral del Gobierno está por encima de la moral del individuo y por encima de la moral de toda la población. El Gobierno decide por ti, por ejemplo, a través de la imposición de leyes que te impiden abortar.

Es mucha la hipocresía con la que el señor Vicente Bellver Capella intenta desviar la atención argumentativa del lector diciendo que aquello que hay que analizar es a las personas que forman parte del Comité y a su manera de actuar desvinculándolas de sus ideologías.
Resulta injusto descalificar a personas, en este caso los miembros del Comité de Bioética de España, por lo que se sospecha que van a hacer. Hay que dejarlas trabajar y juzgar con rigor los argumentos que propongan. Con demasiada frecuencia tendemos a ahorrarnos esta enojosa tarea. Preferimos limitarnos a aplaudir a quien llega a la misma conclusión que yo y escandalizarnos ante quien sostiene la contraria, sin valorar la consistencia de sus argumentos. Pero con esa actitud consagramos la lógica amigo-enemigo como norma de funcionamiento social y abdicamos de cualquier uso público de la razón.
Habría que decirle a Bellver Capella que no se descalifica a las personas, sino a los argumentos que proponen personas puestas a dedo que tienen claras ideologías que "casualmente" se corresponden con las propias del Gobierno. No se puede desvincular de su ideología a una persona con un pasado concreto, que ha escrito determinados artículos o que se ha posicionado en ciertas organizaciones religiosas con posturas políticas claras. Mucho menos, si quienes han seleccionado a esos miembros son otros señores con intereses políticos que han analizado previamente las ideologías de aquellos que forman parte del Comité. Sus argumentos pueden ser mejores o peores, pero es el poder quien impone esos argumentos con un contenido moral claramente ideológico al resto de la población mediante las posteriores leyes.

Todo Gobierno como estructura de poder transmite una ideología moral dominante que el resto tenemos que asumir. Primero eligiendo a sus consejeros, elección acorde con sus ideologías, luego transmitiendo a la sociedad que aquello que han elegido es lo moralmente bueno para el resto, y más tarde, imponiendo su ejecución mediante leyes opresivas que restan libertad moral al individuo. 

@LReplicante.