Este blog nace con la idea de escribir artículos desde la perspectiva de una licenciada en filosofía en paro. Especifico que todos los artículos del blog son artículos de opinión abiertos a debate. En ningún momento intento imponer mi visión particular del mundo a los demás, aunque sean mis opiniones las que aquí expreso.

viernes, 30 de enero de 2015

Las flores del mal.


Una vez vi una película de una chiquilla rubia que era puesta en adopción e iba de casa en casa de acogida, cada vez más infernal. Al final de la peli, la niña, que es muy artística, decora el interior de unas maletas de colores que muestran parte de lo que sufrió en cada uno de sus hogares de acogida haciendo alusión a los escenarios en los que vivió. La peli se llama en castellano, La flor del mal (White Oleander, 2002, Peter Koskimsky), con Michelle Pfeiffer y Alison Lohman. En la película la verdadera flor del mal es la madre de la niña -el papel que hace de Michelle Pfeiffer- que constantemente la está infravalorando, dejándola por los suelos y diciéndole hasta dónde puede o no puede llegar en su propia vida. Además, le dice que es como ella, mala y loca. Vamos, la madre que todo el mundo querríamos a nuestro lado… El caso es que a mí esta historia me suena, no voy a decir el por qué, pero me suena mucho…




Pero bueno, hablemos del mundo de la hostelería, que es de lo que venía a hablar: yo podría hacer algo similar a lo de las maletas con el tema de los sitios donde he estado trabajando si tuviera tanta maña como la niña ésta. En realidad, he estado trabajando en muchos sitios diferentes en muy poco tiempo, y aunque eso ayuda a que espabiles rápido, también supone que tu cerebro tenga que asimilar muchas cosas en un corto espacio de tiempo. No tengo tanta maña como Astrid -así se llama la niña protagonista de la película-, pero sí que podría hacer algo parecido a sus maletas por escrito.

1. Restaurante A: Estando en un entorno protegido, con pocas mesas por camarero, sin cobrar porque todavía estás estudiando cuando estás allí. Todo bastante bonito, excepto cuando alguien dice que los viejos, gordos, feos y débiles, nunca podrán trabajar ni dedicarse a la hostelería. Como ejemplo, levantan a la chica más joven y bonita de la clase, y dicen que ella, con esa sonrisa -y tetas-, no tendrá ningún problema en encontrar trabajo. Lo curioso es que esa chica no acabó el curso, mientras que otras más viejas, más gordas, más feas, más flacas… ahora tienen trabajo. Pero independientemente de que la realidad sea otra, el hecho de que alguien -especialmente si se trata de un profesor- pueda tener esos prejuicios, es una muestra de lo mal que están nuestras sociedades actualmente.

2. Restaurante B: Acabas el curso y te vas de prácticas -también sin cobrar-, se supone que estás aprendiendo y que la gente es consciente de que quizás nunca hayas trabajado anteriormente en hostelería. Empiezan corrigiéndote, pero no enseñándote porque es más fácil corregir que enseñar. De puertas hacia fuera el restaurante es estupendo, lo tiene todo, por dentro se respira mal ambiente. Preguntas por el restaurante E a tu tutor: “oye, ¿podría intentar echar curriculums en el restaurante E?”. Responde: “no, te queda grande”. Yo: “bueno, ahora sí porque estoy aprendiendo”. Responde: “no, no, no lo entiendes… ahora y siempre”. Después de eso piensas que efectivamente, algo estarás haciendo mal como para que sean tan rotundos contigo. Pero luego, ahondas un poco en el tema y ves que la gente está quemada de trabajar, te dicen: “estudia porque la hostelería es muy dura”. Respondes: “no, es que yo ya he estudiado, me gustaría ser profesora”. Te responden: “¿profesora? … como Ana, y ya ves, mira donde está ahora…”. Ves que Ana es la otra camarera. Luego te dicen: “si no puedes llevar dos platos de arroz, nunca jamás encontrarás trabajo, no te van a contratar”, “si quieres tener hijos algún día… ¿cómo vas a llevar un bebé si no puedes llevar dos platos de arroz?”. Y con todos esos comentarios negativos y la autoestima a ras del suelo, acaban las prácticas, y debes afrontar tu primera experiencia laboral de verdad… y ahí está, de repente, llega.

3. Restaurante C: Es un restaurante perfecto para mí, no hay platos pesados, así que puedo dejar de preocuparme por mi fuerza física inmediatamente. Pero claro, llego con la autoestima muy baja y con poca experiencia. Aprendo todo lo que puedo en muy poco tiempo y acaba mi jornada de prueba. Durante la jornada de prueba, escucho que ya tienen a otra chica con mucha más experiencia que yo y con más idiomas, pero nadie me dice: “deja de trabajar, ya hemos encontrado a otra”. Así que sigo trabajando, hasta que el jefe viene y me dice: “bueno, trabajas bien, pero querría a alguien con más experiencia, de todos modos… aquí te podemos ayudar, dime dónde quieres hacer prácticas gratis y te metemos”. Durante un instante no sé ni lo que estoy oyendo, de pronto vuelvo a pensar que lo debo estar haciendo fatal, pero tampoco me parece que lo esté haciendo tan mal y en mi cabeza todo es un lío. Digo que me lo pensaré, pero realmente ya no vuelvo a hablar con el jefe. Tampoco aquí cobro los días trabajados.

4. Restaurante D: Es un restaurante muy pequeño y bonito, la comida está riquísima, igual que en los anteriores. Me voy soltando, ya no tengo tanta vergüenza y empiezo a ser más rápida, a tener más seguridad en mí misma. Yo lo noto, y también lo nota la cocinera y el jefe, así que llega el final de las tres semanas de prueba -esta vez sí, cobrando-, en el que me dicen que están muy contentos conmigo y que quieren que me quede. Qué cosas, hacía pocas semanas -incluso podríamos hablar de días- me habían dicho que trabajara gratis y que nunca me iban a contratar. Justo cuando me van a hacer contrato, me dicen que ahora mismo no pueden contar conmigo, a lo cuál me vuelvo a encontrar flasheada. La razón por la que se produce tal incoherencia la sé gracias a la cocinera y al camarero, pero no gracias al jefe. Resulta que querían sustituirme por la otra camarera, que era amiga del jefe, con la cuál el jefe no trabajaba nada a gusto. Al decirle a ella que ya no podía trabajar más allí, pues supongo que hizo uso de su amistad con el jefe. Poco más puedo decir, ustedes piensen lo que quieran.


5. Restaurante E: Es un sitio gigantesco, lujoso y allí trabaja muchísima gente. Estoy contenta con los jefes, con los compañeros -con unos más que con otros- y con la manera de llevar las cosas. Los jefes son buenos y hacen que sea un buen lugar para trabajar, además cobras bien. Por cierto, este sitio es el mismo sitio en el que me dijeron que nunca jamás podría entrar en mi vida en el restaurante B. Pues no sólo me han llamado una vez, sino que ya van 4 meses llamándome del mismo sitio. He podido, y además, me siguen llamando, así que no ha sido casualidad. Por fin empiezo a pensar que algo estaré haciendo medianamente bien. Aun así, tampoco llega a salir el sol en este sitio, me llaman para muy pocas horas y hay algunos compañeros que se nota a la legua que no quieren que entres, pero no todos. 




Éstas son mis flores del mal laborales en hostelería (Las flores del mal también hace alusión a mi poemario favorito de Baudelaire, él se refería a sus poemas llamándoles de esa manera). Yo no comprendo si es que he tenido muy mala suerte o es que el resto del mundo es gilipollas. A veces pienso que soy yo, que igual dejo que me traten mal, pero no sé… En todo caso, lo importante es que ha habido una evolución, y no debo dejar que opiniones ajenas me amarguen la vida. Aunque en realidad, no son las opiniones lo que me amarga, sino ver cómo funciona el mundo. Lo injustas que son las cosas… En fin, espero que me pase como le pasa a Astrid al final de la película, y finalmente, pueda encontrar mi sitio.



lunes, 19 de enero de 2015

Las cuatro metas


La cosa está así: quiero ponerme metas pequeñas para intentar realizarlas y redactar un pequeño diario sobre ello con la esperanza de, poco a poco, ir planteándome metas más altas. Después de mucha actividad intentando buscar trabajo de camarera, de encontrarlo en varios sitios -pero nunca estable- y de estar de restaurante en restaurante dando tumbos; parece que no voy a poder continuar con mi trabajo en el hotel porque, a pesar de estar a gusto, me dan muy pocas horas para trabajar. Así que, bueno, después de navidad -época en la que he trabajado, casi no he probado ni una gamba- me he vuelto a quedar un poco apalancada en el tema de buscar trabajo. En parte porque no me apetece volver a buscar trabajo de camarera, en parte porque ya he olvidado lo que era ser profesora y me da bastante miedo volver a ello por mucho que me guste. Por otra parte, también me da miedo volver a comprobar que sigue sin haber trabajo de eso.

Aquí hay, efectivamente, una cuestión importante a analizar en mi vida y es una de las razones por las cuales me planteo este reto: el miedo. Realmente, soy una persona acojonada de vivir, tengo mucho miedo y este mundo me parece muy hostil, por no hablar de lo infantil que soy. Ambas cosas van de la mano. Además, si lo pienso bien, me cuesta mucho vivir, muchísimo. No es que no disfrute de la vida y de sus pequeñas cosas, es que cuando estoy sin trabajo y sin estudios, todo me cuesta el doble, es como si tuviera que escalar una montaña enorme sin zapatillas. Luego, cuando tengo curro o estoy estudiando, estoy bien otra vez.

Pero es que encima pienso que muchas de las experiencias que viví el año pasado han hecho que tenga todavía más miedo. Hay tanta gente que me ha dicho que no lo podría hacer… y lo peor es que, aún después de haber hecho las cosas que me han dicho que no podría y hacerles un zas! en toda la boca, me han dejado tocada. Cada vez que lo pienso me pongo a llorar, y no importa que les haya demostrado que lo que decían era mentira. Esa es la razón por la que sé que algo no funciona dentro de mí y es hora de intentar acabar con eso.




Siendo así, me he propuesto varias metas: una académica, una deportiva, una artística y una laboral.

1. La meta académica consistiría en ponerme a estudiar inglés para intentar sacarme el B2, cosa que dije que haría hace mucho tiempo, pero aún no he podido hacer. El año pasado pude sacar el B1, pero realmente pienso que para el B2 estoy muy verde. Me gustaría que esto supusiera empezar a estudiar, pero no sólo en un sentido tradicional, sino también viendo series y películas en inglés, saliendo a bares de intercambio de idiomas para poder hablarlo. En fin, tampoco quiero aburrirme estudiando. Realmente, no sé qué fecha ponerme para esta meta, me gustaría estar preparada para hacer el examen en mayo, pero sé que es complicado. Pongamos que en mayo o en abril, debo intentar al menos, presentarme al examen. Aprobarlo o no, no importa -sé que es poco tiempo para lo verde que estoy y debería haber empezado antes-, pero si tengo la obligación de presentarme, al menos me obligaré a estudiar para no hacer el ridículo. Si no lo saco, al menos algo tendré avanzado para cuando me vuelva a presentar en el futuro.

2. La meta deportiva también es muy sencilla, se trata simplemente de salir a hacer deporte. Lo que sea, no importa si es correr o hacer pesas o nadar o ir en bici, salir y hacer al menos 20 minutos de deporte, tres veces por semana. Es simple, pero creo que me puede ayudar mucho a quitarme fantasmas de la cabeza.




3. La meta artística la he puesto porque creo que puede ser una gran motivación. La he planteado, también, como una meta muy pequeñita para empezar, pero que para mí es bastante grande. Esta meta, igual que las demás, tiene que ver con quitarme el miedo a vivir. Lo que me gustaría hacer aquí es salir a cantar en un karaoke con banda de música en directo o en alguna jam session de micros abiertos, pero me gustaría ampliar el reto: me gustaría salir a cantar en todos o casi todos los karaokes o jam session de micros abiertos que encuentre en Valencia -siempre y cuando sea posible-. Si lo pienso bien, puede ser que cantar sea una de las cosas que más me apasionan en la vida, y ya he cantado en directo alguna vez, pero es que lo había dejado totalmente aparcado… y vaya, no debo. Esta meta es para disfrutar, pero también para darme cuenta de que en este mundo hostil, aún queda algún resquicio de libertad. Además, esto es mano de santo para el miedo y la vergüenza, estoy segura de que me ayudará.

4. La última meta es la más sencilla y a la vez, la más complicada: echar curriculums. Simple y llanamente, echar curriculums. No digo ni siquiera encontrar trabajo. Sé que probablemente si echo curriculums, encontraré trabajo. En hostelería encontrar un trabajo no es muy complicado, lo complicado es que ese trabajo sea digno: decentemente remunerado, buen horario, buen trato por parte de jefes y compañeros, etc. El tema es que el año pasado me trataron tan mal que ahora me cuesta tener que volver a empezar de cero, y sí… me cuesta hasta echar curriculums, me he quedado un poco paralizada. Pensaréis que esta meta es muy sencilla y lo es, pero ¿qué pasará con las otras metas si encuentro trabajo? He ahí la dificultad de esta meta. Normalmente los trabajos en hostelería son muy esclavos, te permiten hacer pocas cosas en tu tiempo libre, así que quizás debiera modificar alguna de las metas anteriores en ese caso. Sin embargo, debo concienciarme de que estas metas deben seguir adelante, aunque practique deporte menos días a la semana de los establecidos, aunque tenga menos tiempo para estudiar… No debo dejarlas de lado aunque empiece a trabajar. Y sobre todo: aunque trabajes, Isa -sí, ahora me hablo a mí misma-, sigue echando curriculums para profesora. Vuelve a echar curriculums para profesora, no lo dejes…

En fin, de todo esto, pretendo hacer un diario en este blog con fotos, a lo mejor vídeos, testimonios… Vamos, que me voy a montar un teatro que no veas. Me da un poco igual que la gente lo vea o no, principalmente es para mí misma, aunque sé que mantener el diario en la red me va a ayudar a motivarme y por eso lo hago. Intentaré subir una entrada contando la evolución a final de semana, probablemente los domingos.

Por lo demás, me he propuesto empezar mañana mismo y simplemente con el hecho de habérmelo planteado y haber escrito esto ya estoy sonriendo, así que… ¡GO!