Uno de los dos asesores de la ministra de sanidad Ana Mato es Vicente Bellver Capella, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia (universidad en la que yo cursé mis estudios y en la que todos sabemos de qué pie cojea el departamento de Ética) que en febrero del 2013 escribió el siguiente artículo publicado en El País: ¿Quién expide el carné de comisario moral en Bioética? En su artículo dice lo siguiente:
Ahora bien, me parece injusto para el Comité de Bioética de España y empobrecedor para la sociedad el empeño de algunos en etiquetar a los nuevos miembros como comisarios morales al servicio del gobierno.
Ciertamente es peligroso que en una sociedad florezcan los tipos que utilizan el poder para imponer su particular código moral a los demás. Pero en sociedades medianamente democráticas, como la nuestra, ese riesgo suele estar controlado. Puede, en cambio, llegar a ser más preocupante la actitud de quien, elevándose sobre el común de los mortales, se arroga la competencia para decir quién puede participar o no en órganos de deliberación bioética. Ese es, a mi entender, el verdadero comisario moral.Lo que hace el profesor Vicente Bellver Capella es desviar el verdadero debate a un asunto de menor importancia. Según él, los que pretenden imponer su particular código moral a los demás no son los miembros del Comité de Bioética de España, sino aquellos que deciden quiénes van a ser esos miembros. De esta manera, el señor Vicente Bellver Capella se exculpa de cualquier tipo de consejo que pueda ofrecer al Gobierno en materia moral si entendemos que éste puede significar imponer su moral a los demás. Ciertamente, el Comité de Bioética es un organismo que carece de funciones decisorias y se encarga de elaborar informes no vinculantes. Sin embargo, la verdadera cuestión a analizar es que si estas personas forman parte del Comité de Bioética es porque sus ideas y actos han sido juzgados y analizados de antemano por un Gobierno cuyas ideas se corresponderán ideológicamente con las de los miembros del Comité. Es el pez que se muerde la cola: Elijo a unos miembros de Comité acordes con mi ideología moral y así me limpio el culo justificando mis decisiones morales, que se impondrán a la población a través de las leyes. Si Vicente Bellver Capella está echando la culpa de una imposición moral a áquel que escoge a las personas que forman parte del Comité, entonces debería decir claramente que son miembros con ideologías afines al Gobierno (el Gobierno mismo) quienes expiden el carné de comisario moral a aquellos que comparten sus mismas ideologías no dejando lugar al debate público ni a la diversidad de opinión.
No es casualidad que el cambio de los miembros del Comité de Bioética de España se haya producido justo con el cambio de Gobierno, tanto los nuevos miembros como los antiguos miembros eran comisarios morales al servicio del Gobierno, del mismo modo que el propio Gobierno lo es de toda la población española. En España, las cuestiones morales no están separadas de la política, mucho menos si se trata de un partido como el PP que no aboga por la laicidad del Estado y que busca recortar libertades morales del individuo para que acojan aquellas que concuerdan con la moral cristiana católica apostólica romana. Aquí la moral del Gobierno está por encima de la moral del individuo y por encima de la moral de toda la población. El Gobierno decide por ti, por ejemplo, a través de la imposición de leyes que te impiden abortar.
Es mucha la hipocresía con la que el señor Vicente Bellver Capella intenta desviar la atención argumentativa del lector diciendo que aquello que hay que analizar es a las personas que forman parte del Comité y a su manera de actuar desvinculándolas de sus ideologías.
Resulta injusto descalificar a personas, en este caso los miembros del Comité de Bioética de España, por lo que se sospecha que van a hacer. Hay que dejarlas trabajar y juzgar con rigor los argumentos que propongan. Con demasiada frecuencia tendemos a ahorrarnos esta enojosa tarea. Preferimos limitarnos a aplaudir a quien llega a la misma conclusión que yo y escandalizarnos ante quien sostiene la contraria, sin valorar la consistencia de sus argumentos. Pero con esa actitud consagramos la lógica amigo-enemigo como norma de funcionamiento social y abdicamos de cualquier uso público de la razón.Habría que decirle a Bellver Capella que no se descalifica a las personas, sino a los argumentos que proponen personas puestas a dedo que tienen claras ideologías que "casualmente" se corresponden con las propias del Gobierno. No se puede desvincular de su ideología a una persona con un pasado concreto, que ha escrito determinados artículos o que se ha posicionado en ciertas organizaciones religiosas con posturas políticas claras. Mucho menos, si quienes han seleccionado a esos miembros son otros señores con intereses políticos que han analizado previamente las ideologías de aquellos que forman parte del Comité. Sus argumentos pueden ser mejores o peores, pero es el poder quien impone esos argumentos con un contenido moral claramente ideológico al resto de la población mediante las posteriores leyes.
Todo Gobierno como estructura de poder transmite una ideología moral dominante que el resto tenemos que asumir. Primero eligiendo a sus consejeros, elección acorde con sus ideologías, luego transmitiendo a la sociedad que aquello que han elegido es lo moralmente bueno para el resto, y más tarde, imponiendo su ejecución mediante leyes opresivas que restan libertad moral al individuo.
@LReplicante.
Estudié en la misma universidad que tú y nunca oí de este señor. Claro que a mí la plantilla docente me interesaba solo hasta cierto punto. En cuanto al departamento de ética, qué te voy a contar. Llegaba yo tan ilusionada, pensando en, tal vez, formar parte de él en algún momento peeero......
ResponderEliminarEn cualquier caso, el argumento de Bellver Capella sería válido si ese consejo fuese plural. Quiero decir: efectivamente, la gente que se ponga ahí tendrá cierto recorrido público, académico, estará posicionada, pero si hay gentes con posicionamientos distintos, ¡estupendo! No les juzguemos por lo que pensamos que van a hacer, porque ahí se va a argumentar, se va a debatir, y oye, si son gente seria, lo mismo hasta se llega a acuerdos y términos medios. Pero si esta condición no se da, imagínate el debate, con todos asintiendo mucho y muy fuerte.
Lo que me parece es que esos intelectuales deberían ser honestos, consigo mismos y con la sociedad, y no prestarse a esos paripés. Pero claro, España es país de picaresca, turismo, fraude... lo de la honestidad (siquiera intelectual) no se estila mucho.
Pues sí, en parte completas el artículo con tu respuesta. Yo creo que aquí Bellver ha sido bastante hipócrita porque no creo que sea tan tonto. Me da la impresión de que ha querido quitarse las críticas de encima pensando friamente qué argumento utilizar para hacerlo. Y ya se sabe, que los filósofos, lo que es justificarnos y argumentar, lo hacemos muy bien.
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